viernes, 30 de mayo de 2008

Donald Humphreys, de ExxonMobil, defiende a las grandes petroleras y su papel en la economía global


Article ImageDonald Humphreys, de ExxonMobil, defiende a las grandes petroleras y su papel en la economía global

Donald D. Humphreys, ejecutivo senior de ExxonMobil, estaba hablando sobre la controversia en torno a las emisiones de carbono y del calentamiento global durante una reciente charla mantenida en un ciclo de conferencias sobre liderazgo de Wharton, cuando dijo: "nos gustaría participar en el debate, y que las personas no nos miraran como si fuéramos villanos despreciados por todos".

La controversia sobre las emisiones de carbono es sólo una de las varias que asedian a ExxonMobil — una lista que incluye el aumento de los precios de la gasolina hasta cerca de 4 dólares el galón, la decisión de la empresa de ampliar su campo de explotación y perforación en territorio nacional y fuera de él, y el pulso que mantiene con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

En el transcurso de su charla, Humphreys, vicepresidente senior y Tesorero de ExxonMobil, con sede en Irving, Texas, dijo que uno de los motivos por los que estaba contento por la oportunidad de dirigirse a los oyentes de Wharton era que ahora podría aclarar varios equívocos sobre esta gran empresa que se remontan al siglo XIX y a John D. Rockefeller, fundador de la mítica Standard Oil y precursor de Exxon Mobil.

Aunque la idea que el público tiene de ExxonMobil —cuyo beneficio alcanzó la cifra récord de 40.600 millones de dólares en 2007— es la de una empresa con mucho poder y responsable, en parte, del aumento de los precios de la gasolina, Humphreys dijo que el índice de beneficio de la compañía es menor que el de muchas empresas americanas tradicionales, y que sus esfuerzos de perforación en el exterior, así como la construcción de nuevas instalaciones, muchas veces terminan en frustración. Los críticos, añadió, deberían pensar en la necesidad "de energía de EEUU y del mundo, porque China no va a parar de crecer, e India tampoco".

Humphreys, nacido en Oklahoma, se licenció en la Universidad de su estado, sirvió en el ejército americano hasta mediados de los años 70 y, a continuación, estudió un MBA en Wharton. Después de graduarse, entró a trabajar en Exxon, que se fusionó con Mobil en 1998. Su trabajo lo llevó a recorrer todo el mundo, pasando una buena temporada en Malasia. Alcanzó la vicepresidencia de Exxon en 1997, poco antes de la fusión.

Su charla tuvo lugar durante uno de los momentos de mayor turbulencia en la industria del petróleo y del gas natural desde finales de la década de los 70. Hoy, el precio del petróleo crudo ha sobrepasado los 120 dólares el barril, un récord histórico incluso si se tiene en cuenta la evolución de la inflación. El incremento de los precios ha acarreado también una serie de costes sin precedentes para el conductor americano y quejas generalizadas sobre los beneficios obtenidos por las compañías de petróleo. La cifra de 40.600 millones de dólares de beneficios de ExxonMobil el año pasado representó un récord histórico. Los beneficios del primer trimestre de 2008 fueron de 10.900 millones de dólares.

De acuerdo con Humphreys, analistas de ExxonMobil creen —según la curva histórica de oferta y demanda— que el precio del petróleo crudo debería ser mucho más bajo, cerca de 50 dólares el barril. Hay varias razones para el alza actual, dijo, señalando la inestabilidad geopolítica que compromete la estabilidad de Oriente Medio y otras regiones productoras de petróleo, la caída brutal del valor del dólar, que es la base para la mayor parte de las transacciones de petróleo, además de un nivel sin precedentes de especulación en torno al petróleo como commodity. Recordando que cuando entró a trabajar a Exxon, en los años 70, se esperaba que los precios subieran de forma perpetua, pero descendieron a niveles mucho menores durante buena parte de las décadas de los 80 y los 90. Humphreys dijo que, en su opinión, los precios volverán a caer, aunque no puede prever cuando. "Si yo supiera la respuesta, no estaría aquí".

Frente a frente con Hugo Chávez

Mientras tanto, la empresa se ha situado en el centro de los acontecimientos en Venezuela, envuelta en una batalla jurídica épica en torno a 12 millones de dólares en activos de la petrolera venezolana PDVSA —en EEUU y en Europa— que fueron congelados por la empresa después de que Chávez nacionalizara algunos de los campos de petróleo de su propiedad. Humphreys dijo que ExxonMobil persistirá en su posición desafiante —a pesar de la reciente decisión del presidente venezolano de aumentar los impuestos sobre las exportaciones de petróleo— resaltando que la capacidad de la empresa de explorar los campos de petróleo y de gas natural depende de la inviolabilidad de los contratos alcanzados.

"Se trata de un acuerdo comercial, queremos nuestro dinero", dijo Humphreys. "A veces, tenemos que ser bien objetivos en este tipo de confrontación. Alguien tiene que establecer una línea de conducta y decir: 'Mire, si ustedes hicieran tal cosa, y si los nuevos términos permiten que vosotros lo hagan, la situación podrá tomar rumbos indeseables'".

Esto se explica por el enorme coste necesario para el desarrollo de nuevos campos de petróleo y de gas natural en el mundo. Humphreys hizo referencia a la nueva instalación de ExxonMobil en la isla Sakhalin, en el Océano Pacífico, a lo largo de la costa rusa, donde los precios podrían alcanzar los 15.000 millones de dólares, o más, en el caso de un proyecto que necesitó cerca de 10 años para terminarse y que deberá, según estimaciones de la empresa, producir petróleo durante cerca de 40 años. El gasto se debe a la tecnología punta necesaria para explorar un campo de petróleo localizado a 11 Km. de distancia de la costa. "Se trata, básicamente, de un proyecto cuya perspectiva de desarrollo es de 50 años, y por eso nos referimos a él como una iniciativa de largo plazo".

De hecho, en alusión a las complicadas negociaciones que envuelven a los ejecutivos de ExxonMobil y los trabajadores de mayor rango de países extranjeros —donde la compañía tiene negocios, en algunos casos, desde hace más de un siglo—, Humphreys dijo que trabajar en una empresa de nivel global, muchas veces, es como trabajar para el Departamento de Estado de EEUU. Un objetivo de la empresa, añadió, consiste en garantizar que la riqueza compartida procedente del petróleo sea utilizada para fines positivos por el país anfitrión. Él citó como ejemplo el tiempo que pasó en Malasia a principios de los años 90. "Cuando usted llega y empieza a dialogar con el Gobierno anfitrión y dice 'Ésta será nuestra contribución para el desarrollo de sus recursos', el efecto es bueno para todas las partes. Malasia es un buen ejemplo de desarrollo saludable. El Gobierno cogió la riqueza generada por el petróleo e invirtió en educación y actividades de alta tecnología, transformando Malasia en un país diferente".

Los escándalos de sobornos

Humphreys dijo que algunas malas experiencias del pasado —como el escándalo que involucró a Exxon en un caso de soborno en Italia en la década de 1970 y que culminó con la aprobación de la Leyde Prácticas Corruptas Exteriores— hicieron que los ejecutivos actuales hayan puesto un gran énfasis en la cuestión ética, sobre todo en las transacciones internacionales de la empresa. ExxonMobil, añadió, simplemente se salió de dos negocios con gran potencial lucrativo en otros países porque los trabajadores de esos gobiernos exigían compensación económica a cambio. "En este negocio, si usted no actúa con principios e integridad, tendrá problemas".

Además del énfasis que la empresa está poniendo en la ética, Humphreys dijo que el cliente medio de consumo de gasolina tal vez desconozca los esfuerzos cada vez mayores por parte de la compañía para el desarrollo de nuevas tecnologías basadas, entre otras cosas, en el trabajo de cerca de 15.000 científicos e investigadores de toda la empresa, que obtienen cerca de 1.000 nuevas patentes todos los años.

"Es difícil que las personas nos vean como una empresa de tecnología", dijo Humphreys, añadiendo que el equipo de investigación y desarrollo de la empresa se concentra en tres áreas: separadores incorporados que producen hidrógeno mientras el vehículo en funcionamiento alimenta las células de combustible de alta tecnología; utilización de algas como posible nueva fuente de biocombustibles; y una tecnología que podrá tener como resultado la producción de un carbón más limpio gracias a la eliminación del dióxido de carbono. Formas más nuevas de energía renovable, como las proporcionadas por el viento y por la energía solar, crecerán a un ritmo veloz, de acuerdo con Humphreys, pero sin la mínima oportunidad de atender a las necesidades de energía del mundo, principalmente ante el crecimiento actual de las naciones en desarrollo.

Por lo tanto, Humphreys no es partidario de la teoría del techo de producción de petróleo —o peak oil-, según la cual la producción mundial de petróleo comenzará a disminuir en breve, si es que ya no ha empezado a hacerlo, a medida que la oferta vaya disminuyendo. "Se habla mucho hoy en día de que el petróleo y las reservas de hidrocarburos están llegando a su fin. No es lo que pensamos", dijo él, añadiendo que aunque los seres humanos hayan consumido cerca de un billón de barriles desde el siglo XIX, quedarían todavía cerca de dos billones de barriles en reservas inexploradas en el suelo, además de otros tipos de combustibles fósiles, como los esquistos bituminosos una roca sedimentaria que se descompone para producir petróleo y gas), por ejemplo.

Pero, en una declaración reciente que contradice ese punto de vista, trabajadores de ExxonMobil dijeron que el cambio climático y los combustibles fósiles son elementos antagónicos. "Sabemos que hay un problema, y lo reconocemos como tal; no sabemos cuáles serían las mejores opciones para lidiar con él", dijo Humphreys. "El dilema de siempre opone el desarrollo económico a las emisiones de carbono, por lo tanto creemos en la necesidad de un debate saludable." De acuerdo con Humphreys, un plan de recorte en el volumen de carbono emitido con el propósito de limitar la polución podrá funcionar, pero no ayudaría a bajar el precio de la gasolina.

En otras palabras, dijo, la resolución del problema —a ejemplo de muchos otros— exigiría una gran dosis de voluntad política, algo que falta en nuestra cultura política actual. "Es vuestra generación la que tendrá que poner en práctica algunos compromisos difíciles, todos tendremos que hacerlo", dijo. "El desarrollo económico es imprescindible, pero ¿cómo lograrlo sin emisión de carbono?"


Publicado el: 28/05/2008
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Rodrigo González Fernández
Diplomado en RSE de la ONU
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