lunes, 24 de diciembre de 2007

Por Ian Kearns EN LA NACION:

Por Ian Kearns

PROSPECT, DERECHOS EXCLUSIVOS PARA LA NACIÓN

El nuevo pensamiento nuclear

Necesitamos avances en la creación de un banco internacional de combustible nuclear que garantice acceso al uranio para reactores a precios razonables. Éste podría generarse inicialmente en torno del grupo de proveedores nucleares.


La discusión acerca de la política de armas nucleares en Gran Bretaña ha estado dominada por dos debates. El primero, centrado en Irán y Corea del Norte, se refería a cómo impedir que estos estados adquieran capacidad de fabricar armas. El segundo, en la decisión de renovar el Trident (programa británico de misiles), ha sido una reedición de argumentos viejos y familiares de los 80 entre creyentes de la disuasión y partidarios del desarme unilateral. Ambos se han combinado para oscurecer un tercer desarrollo: un cambio de paradigma en el pensamiento sobre la política de armas nucleares entre ciertos estrategos; un giro rico en potencial para poner en la agenda el desarme nuclear multilateral. En enero, un grupo de analistas de seguridad estadounidenses (Henry Kissinger, George Schultz y Sam Nunn) publicó un artículo en The Wall Street Journal describiendo la futura dependencia estadounidense del disuasivo nuclear como "crecientemente azarosa y decrecientemente efectiva". Llamaron a dejar esta dependencia y al eventual "término" de estos dispositivos.

Tres factores impulsan el cambio. El primero es la falta de estabilidad si más estados tienen armas nucleares. La preocupación se proyecta a potenciales carreras regionales y el riesgo de accidentes, lanzamientos no autorizados y falta de salvaguardias. El segundo tiene que ver con las inquietudes por el terrorismo. Éste es visto como una amenaza, sea mediante un "artefacto nuclear suelto" en el aún no completamente seguro arsenal ruso u otra fuente, o mediante un grupo que adquiera ilegalmente material fisible. La tercera y última razón del giro se vincula con la mayor dependencia de la energía nuclear civil que podría producirse por el cambio climático. Si una expansión del uso civil trae una expansión en las instalaciones, significará una mayor posibilidad de que ciertos estados usen los programas civiles como camino a un plan armamentista.

Esta mezcla de desarrollos nos coloca al borde de una segunda edad nuclear, que será probablemente más inestable y peligrosa. La opinión prevaleciente, entre muchos altos sacerdotes de la estrategia de disuasión de la guerra fría es que el mundo ha tenido suerte al evitar las armas nucleares desde 1945 y es tiempo de actuar, antes de que se acabe. Hay que migrar de la dependencia de la disuasión a una estrategia para marginalizar y eventualmente erradicar estas armas. Esto significa varias cosas. Primero, una inversión de capital político de los líderes de las potencias para un compromiso compartido en favor de la meta de un mundo sin estas armas. Habrá escepticismo sobre esto en algunas partes, pero fueron Reagan y Gorbachov quienes discutieron el tema de la erradicación en Reykjavik en 1986, en la cúspide de la guerra fría, dejando en shock a muchos. La segunda área se debiera centrar en la seguridad mundial de las armas nucleares y las fuentes de uranio y plutonio. Se han hecho avances, con iniciativas como el Programa de Reducción Global de Amenazas del G-8, pero debemos movernos más rápido, dada la amenaza del terrorismo nuclear. El compromiso de Hillary Clinton de eliminar todo el material nuclear de los sitios más vulnerables del mundo y asegurar los restantes en su primer período -si gana la Presidencia de EEUU-, es una señal bienvenida. Tercero, necesitamos avances en la creación de un banco internacional de combustible nuclear que garantice acceso al uranio para reactores a precios razonables. Éste podría generarse inicialmente en torno del grupo de proveedores nucleares y ser administrado mediante la AIEA.

Esta innovación liberaría a los estados de usar la energía nuclear civil sin necesidad de desarrollar programas de enriquecimiento. Contribuiría a reducir los riesgos de proliferación, permitiendo que los que elijan esta energía tengan acceso a suministros confiables. Los debates cruciales girarán en torno de la gobernabilidad de un banco semejante y quiénes serán sus miembros, pero estos temas no deberían impedir un diálogo. La causa de un mundo libre de armas nucleares debería ser una de las grandes misiones de un Gobierno progresista, en especial en un clima peligroso y potencialmente inestable.

Saludos
Rodrigo González Fernández
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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