miércoles, 11 de noviembre de 2009

Males que atrae el cambio climático

Males que atrae el cambio climático



  • Padecimientos que antes eran propias de ciertos lugares, se han propagado debido a los cambios en la temperatura.


Males que hace unos 10 años eran habituales en las zonas tropicales, como la malaria o el dengue están proliferando en casi todo el mundo, lo que ocasionará  patrones cambiantes de mortalidad.

Miembros de la Sociedad para la Conservación de la Flora y la Fauna en España han estudiado una docena de virus patógenos que, de continuar las tendencias actuales afectarán a los seres vivos y por ende las economías de todo el mundo, pues cada gobierno invertirá para tratar de mantener a salvo a su gente.

Algunas de las enfermedades que pueden propagarse debido al cambio climático, que modificará los patrones que sigue la cadena alimenticia son:
Tuberculosis, enfermedad del sueño (la tripanosomiasis es endémica en algunas zonas de África subsahariana), Fiebre del Valle del Rift,´mareas rojas´ desviadas que generen daños a los animales, gripe aviár, cólera ébola, babebiosis, fiebre amarilla, lyme.

Un documento publicado por la revista The Lancet dice que es necesario advertirle a la población que las consecuencias del calentamiento global afectarán seriamente la salud humana.

A la par las enfermedades infecciosas aumentarán a medida que sube la temperatura de la tierra. También especies enteras de animales podrían desaparecer como consecuencia del calentamiento global.

El cambio climático también podría "estresar" a las plantas  y animales , haciéndolos más susceptibles a enfermedades.

FUENTE: www.altonivel.com.mx
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RODRIGO GONZALEZ FERNANDEZ
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Cambio climático amenaza a países en desarrollo

Cambio climático amenaza a países en desarrollo



  • Los países de economías emergentes se verán más afectados por este fenómeno ya que actúa como multiplicador de problemas en países vulnerables.


Según el último informe realizado por la Campaña del Milenio de Caritas Italia, la Unión Deporte para Todos y el Fondo para la Naturaleza (WWF), llamado "Stand up 2009: unidos contra la pobreza y los cambios climáticos", los desastres naturales provocados por el cambio climático tienen un mayor impacto en países que aún están en vías de desarrollo.

Aluviones, escasez de agua, hambre e incremento de las enfermedades, son algunos de los efectos que ha provocado el efecto invernadero, y que hoy, países como Kenya, Rwanda o Bangladesh.

"El cambio climático tiene un enorme impacto sobre la vida de las personas que viven en los países en vías de desarrollo, al actuar como multiplicadores de problemas", asegura el estudio. En tanto, los desastres naturales se ha cuadruplicado durante los últimos 20 años, asevera la WWF.

El informe agrega que los efectos climáticos en las poblaciones más pobres han llevado a que 94% de los desastres naturales fueran en países en desarrollo, y con el ritmo actual, Bangladesh habría producido 35 millones de refugiados para 2100.

A la vez, pronostica que casi 2 mil millones de personas en África y Asia sufrirán sed en 2025, y 600 millones de personas se sumarán a los demás hambrientos para 2080.

Esto, además del resurgimiento de enfermedades infecciosas como la malaria en Brasil y Sudáfrica.

Desarrollados también afectados

En el libro "The Rising Sea ("El mar creciente"), sus autores, Rob Young y Orrin Pilkey, denominan a las 10 ciudades más susceptibles a los efectos del cambio climático, tanto por su gran cantidad de habitantes, como también por su localización y antecedentes.

A continuación, las 10 urbes que podrían ser más afectadas por el cambio climático:


1. Miami, Florida, EU.
Una de las ciudades más grande de Estados Unidos, posee buena parte de su territorio agua y arena, siendo riesgosa ante posibles inundaciones y aluviones.

2. Venecia, Italia.
La ciudad sobre el mar ha presentado un aumento de 10 cm en el nivel del mar durante los últimos 10 años.

3. Nueva York, EU.
Según la revista científica Science Daily, "se prevé que el calentamiento global incremente el nivel del mar del noreste de Estados Unidos dos veces más rápido que el del resto del mundo".

4. Bombay, Maharastra, India.
Bonbay está a sólo 14 metros sobre el nivel del mar, y es una de las ciudades con más densidad de población.

5. Singapur.
Es una de las ciudades más vulnerables frente al aumento en el nivel del mar.

6. Nueva Orleans, Luisiana, EU.
El punto más alto de esta ciudad está a sólo dos metros sobre el nivel del mar, lo que la hace como una de las ciudades más indefensas frente un posible maremoto.

7. Osaka, Japón.
Según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, el aumento en el nivel del mar acabará con el 100% de sus playas arenosas.

8. Tampa Bay y San Pete, Florida, EU.
Se ha registrado un aumento en el nivel del mar de sus costas desde 1940.

9. Dacca, Bangladesh.
Con siete millones de habitantes, es una de las diez ciudades más pobladas del mundo.

10. Tokio, Japón.
Está ciudad está a sólo cinco metros sobre el nivel del mar, lo que la hace ser una de las ciudades que posiblemente será afectada por el cambio climático.

Fuentes: La tercera/ De 10.com


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El imperativo climático

El imperativo climático

Hoy es urgente y esencial que el mundo se movilice ante el cambio climático. De hecho, ya no puede haber debates acerca de la necesidad de actuar, porque el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC), que presido, ha establecido que el cambio climático es una realidad inequívoca y más allá de cualquier duda científica.

Por ejemplo, está habiendo cambios en los patrones de precipitaciones, con una tendencia a que haya mayores niveles de lluvias en las latitudes superiores del mundo y menores precipitaciones en regiones tropicales y subtropicales, así como en el área del Mediterráneo. También está aumentando la cantidad de casos de lluvias extremas, y se están generalizando. Más aún, la frecuencia e intensidad de las ondas de calor, las inundaciones y las sequías van en aumento.

Este cambio en el patrón y la intensidad de las lluvias tiene serias implicancias para varias actividades económicas, así como para la preparación de los países para manejar emergencias como inundaciones costeras de gran escala o nevazones intensas.

Algunas partes del mundo son más vulnerables que otras a estos cambios. La región ártica, en particular, se ha estado calentando a tres veces el ritmo del resto del planeta. Los arrecifes de coral, los grandes deltas (que incluyen ciudades como Shangai, Calcuta y Dhaka) y los pequeños estados formados por islas son también extremadamente vulnerables al aumento del nivel del mar.

Entre otros efectos negativos del cambio climático se encuentra la posible reducción del rendimiento de las cosechas. Por ejemplo, en algunos países africanos podría llegar a disminuir en un 50% para el año 2020. El cambio climático produciría una mayor escasez de agua, que para el año 2020 podría afectar a entre 75 y 250 millones de personas tan sólo en África.

En general, se estima que las temperaturas aumentarán para el año 2100 entre 1,1ºC y 6,4ºC. Para centrarse con mayor precisión en estos escenarios, el PICC ha concluido que lo más probable es que el extremo inferior de esta gama sea 1,8ºC, y 4ºC el superior. Incluso en la estimación más baja, las consecuencias del cambio climático podrían ser graves en varias partes del mundo, lo que incluiría una mayor escasez del agua, graves efectos sobre los ecosistemas, y vidas y propiedades amenazadas debido a inundaciones en zonas costeras.

Puede haber además graves consecuencias para la salud humana si no se pone control al cambio climático, particularmente mayor morbilidad y mortalidad como resultado de olas de calor, inundaciones y sequías. Más aún, cambiaría la distribución de algunas enfermedades, haciendo más vulnerables a las poblaciones humanas.

Puesto que el efecto del cambio climático es global, hace falta que el planeta como un todo adopte medidas específicas de adaptación. Sin embargo, ya es claro que la capacidad de adaptación de algunas comunidades se verá superada rápidamente si no se reduce la intensidad del cambio climático.

Para ayudar a estas comunidades vulnerables, es esencial que el mundo idee un plan de acción para limitar la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero (GEI) . El PICC ha evaluado varios escenarios, y uno que limitaría el aumento futuro de las temperaturas a entre 2 y 2,4ºC requeriría que las emisiones llegaran a su punto máximo no más allá del año 2015, y que se redujeran a partir de entonces. El ritmo de reducción determinaría en qué medida sería posible evitar los peores efectos del cambio climático.

El PICC también ha concluido que un esfuerzo así de estricto para reducir el cambio climático no significaría más de un 3% del PGB global en el año 2030. Lo que es más, hacerlo conlleva enormes beneficios: las menores emisiones de GEI estarían acompañadas de una menor polución del aire y mayor seguridad energética, más producción agrícola y mayores índices de empleo. Si estos beneficios se tomaran en cuenta como un todo, ese coste del 3% del PGB para el año 2030 sería significativamente menor, quizás hasta negativo. El mundo podría optimizar su producto económico y su bienestar al buscar una manera de reducir el cambio climático.

Por tanto, la necesidad de una acción internacional surge de dos importantes observaciones resultantes del trabajo del PICC. Primero, si no mitigamos las emisiones de GHG, será difícil revertir los efectos negativos del cambio climático, lo que implicará más dificultades y posiblemente un riesgo de supervivencia para la humanidad y otras especies.

Segundo, los beneficios de reducir la emisiones de GEI son tan abrumadores que esto, combinado con las perspectiva del daño resultante de la inacción, hace imperativo que el mundo diseñe una respuesta y un plan de acción internacionales. Considerando el reto al que nos enfrentamos, cuya magnitud y naturaleza ha sido claramente descrita por el PICC, la Conferencia de Copenhague, que se ha de realizar este año, debe producir un acuerdo multilateral que lo aborde de manera adecuada.

R. K. Pachauri, ha recibido el Premio Nobel y es Presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático y Director General del Instituto de Energía y Recursos.

FUENTE: http://es.cop15.dk/news/view+news?newsid=1640
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La inminente revolución energética global

La inminente revolución energética global

El futuro de la humanidad, para no hablar de su prosperidad, dependerá de cómo el mundo aborde dos desafíos energéticos centrales: asegurar suministros confiables de energía costeable y virar a una energía eficiente de bajo contenido de carbono.

El Escenario de Referencia -en el que no se introducen políticas nuevas- dentro del Panorama de la Energía Mundial 2008 de la Agencia Internacional de Energía ve un crecimiento anual de la demanda de energía primaria global del 1,6% promedio hasta 2030, de 11.730 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) a apenas poco más de 17.010 Mtep -un incremento del 45% en apenas más de 20 años.

China e India representan poco más de la mitad de este incremento, mientras que los países de Oriente Medio contribuyen otro 11% a la demanda. Los países que no son miembros de la OCDE representan el 87% del incremento, de manera que su porcentaje de la demanda de energía primaria mundial aumentará de 51% a 62%.

Se espera que la mayoría de los incrementos en la producción de petróleo provengan de unos pocos países -principalmente en Oriente Medio, pero también Canadá con sus vastas reservas de arenas bituminosas, la región del Caspio y Brasil-. Lo producción de gas en Oriente Medio se triplicará y cuanto menos se duplicará en África, donde existen grandes reservas de bajo costo.

La tendencia según la cual los países consumidores se vuelven sostenidamente más dependientes de la energía proveniente de una pequeña cantidad de países productores amenaza con exacerbar los temores por la seguridad energética. La impasse en el suministro entre Rusia y Ucrania de 2009 hizo que estas preocupaciones se volvieran cristalinas en Europa, donde se calcula que las importaciones de gas aumentarán al 86% de la demanda para 2030, del 57% en 2006.

Por supuesto, aumentar la dependencia de las importaciones no necesariamente implica una menor seguridad energética, no más de lo que la autosuficiencia garantiza un suministro ininterrumpido. Sin embargo, una mayor inseguridad en el corto plazo parece inevitable a medida que se reduce la diversidad geográfica del suministro y crece la dependencia de rutas de suministro vulnerables.

También se espera que aumenten los riesgos de la seguridad energética a más largo plazo. Mientras las reservas de petróleo que quedan en el mundo se concentran cada vez más en un pequeño grupo de países, el dominio de estos países en el mercado puede amenazar el ritmo de la inversión. Cuanto mayor sea la demanda de petróleo y gas de estas regiones, mayor la probabilidad de que estas regiones quieran aplicar precios más altos, y mantenerlos altos difiriendo la inversión y limitando la producción.

Un crecimiento incontenible de la demanda energética claramente tendrá consecuencias graves para el clima también. De acuerdo con el Escenario de Referencia, que representa "seguir haciendo lo mismo", la AIE apunta a un continuo crecimiento del CO2 y emisiones de otros gases de tipo invernadero; existen proyecciones de que las emisiones de CO2  crecerán el 45% para 2030, mientras que otros gases de tipo invernadero contribuirán a un eventual incremento de la temperatura promedio de hasta 6°C.

Las tres cuartas partes del CO2 adicional provendrán de China, India y Oriente Medio, y alrededor del 97% de los países no pertenecientes a la OCDE en su conjunto -aunque las emisiones per capita de los países no pertenecientes a la OCDE estarán muy por debajo del promedio de los países de la OCDE-. Si resisten a la tendencia global, sólo la Unión Europea y Japón verán menores emisiones en 2030 que hoy.

El sector energético tiene una tasa relativamente lenta de sustitución del capital debido a la prolongada vida útil de gran parte de su infraestructura. Normalmente la difusión de tecnologías más eficientes en el todo el sector energético demora muchos años. En consecuencia, tanto los sectores público como privado deben aceptar la necesidad de inversiones adicionales, así como los costos potenciales de un retiro temprano del capital, para acelerar este proceso y ofrecer recortes profundos en las emisiones.

Dos escenarios de políticas climáticas de la AIE muestran cómo podríamos estabilizar la concentración de gases de tipo invernadero en 550 o 450 partes por millón de equivalente de CO2. El escenario de 550 equivale a un incremento en la temperatura global de aproximadamente 3°C, mientras que el escenario de 450 implica un incremento de alrededor del 2°C.

En el escenario de 550, la demanda de energía hasta el 2030 aumenta en aproximadamente el 32%, mientras que la porción de combustibles fósiles decae marcadamente y la demanda promedio en más del 1,2% anual, comparada con el 1,6% en el Escenario de Referencia. Las emisiones de CO2 relacionadas con la energía alcanzarían un pico en 2025 y decaerían ligeramente para 2030.

El escenario de 450 presenta un enorme desafío. El nivel de emisiones de 2030 para todo el mundo sería inferior a las emisiones proyectadas para los países no pertenecientes a la OCDE solamente en el Escenario de Referencia. En otras palabras, aún si los países de la OCDE redujeran sus emisiones a cero, ellos solos no podrían poner al mundo en la trayectoria de 450 partes por millón. Hacerlo implicaría un cambio de tecnología que -en términos de escala y velocidad de implementación- no tiene precedentes.

Las buenas noticias son que ya conocemos muchas de las políticas y tecnologías que pueden ofrecer ahorros sustanciales en el consumo de energía y emisiones de CO2.  Pero las decisiones correctas se pueden empezar a tomar e implementar ahora mismo.

Estamos hablando de cambios significativos en el patrón de inversión en las cadenas de suministro y demanda, así como un enorme gasto adicional en nuevo capital social, especialmente en centrales de energía y en equipos y aparatos más eficientes en términos de energía. Si bien la escala total de la transformación implica depositar una carga sustancial tanto en el sector público como en el privado, la actual crisis financiera debería utilizarse como una oportunidad más que como una barrera para su lanzamiento.

La energía renovable desempeñará un papel importante. Se calcula que la generación global de electricidad basada en energías renovables (principalmente energía hidroeléctrica y eólica, pero también solar y de biomasa) se duplicará entre 2006 y 2030. En la UE, se calcula que la porción de energía eólica en la generación total de energía aumentará al 14% para 2030, del 2% actual, y representaría mucho más de la mitad del incremento total en la generación de energía de la UE. En el escenario de 450, las energías renovables representan el 30% de la mezcla de generación energética de la UE en 2030, muy por encima del 10% actual.

Los gobiernos deben galvanizar esta transformación. Las señales claras de tarificación, incluida la tarificación de las emisiones de carbono, son cruciales, y muchos países no pertenecientes a la OCDE, además de necesitar un respaldo financiero que ayude a reducir sus emisiones de gases de tipo invernadero, pueden beneficiarse con la eliminación de los subsidios a los combustibles.

Pero las señales claras de tarificación no son suficientes, ya que un futuro reducido en carbono requiere importantes avances en el desarrollo de tecnología y en su puesta en funcionamiento. Los gobiernos pueden crear incentivos para innovar, alentar la investigación y derribar barreras internacionales. Y es necesario que gran parte de la inversión adicional sea hecha por los hogares, impulsados por un cambio profundo en las actitudes sociales frente a la eficiencia energética.


Fatih Birol es el economista jefe de la Agencia Internacional de Energía con sede en París.

Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez

FUENTE: http://es.cop15.dk/news/view+news?newsid=1796
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DINERO VERDE

Dinero verde

NUEVA YORK – Hay pocas dudas de que el verde será el color metafórico de preferencia de los líderes mundiales cuando se reúnan en la Cumbre del G-20 en Pittsburgh. La atención se centrará en convertir los "brotes verdes" de la recuperación en un "crecimiento verde" sostenible, impulsando "economías verdes" que vayan en la dirección del objetivo de proteger el clima mundial.

Los gobiernos de los países ricos están comenzando a enunciar en palabras lo que esto significará en términos de política, cambios de estilo de vida e inversiones necesarias para desarrollar fuentes de energía limpias. Sin embargo, para tener éxito,"un nuevo trato verde" tendrá que enfrentar algunos retos enormes en el mundo en desarrollo, donde los efectos del calentamiento global se sentirán primero y más fuerte, y donde el rápido crecimiento requiere una expansión masiva de energías de bajo coste.

Globalmente, más de 30 millones de toneladas de equivalentes del petróleo se consumen en forma de energía primaria cada día, equivalente a 55 kilowatts- hora por día por persona, mientras los países ricos consumen en promedio más del doble de esa cifra. Para muchos países en desarrollo la cifra es muy inferior a los 20 kwh; China está aún muy por debajo del promedio mundial, e incluso la mayoría de los mercados emergentes consumen menos de un tercio del promedio de varias economías avanzadas.

Los indicadores económicos tras las iniciativas para cerrar estas brechas energéticas son relativamente simples. Hasta un umbral de cerca de 100 kwh per cápita, el consumo de energía y los indicadores de desarrollo humano van de la mano. A los precios actuales, serían necesarios entre 10 y 20 dólares por persona por día para alcanzar ese umbral.

Esto pone la seguridad energética fuera del alcance no sólo de los más pobres, sino también de la mayoría de las personas en las economías emergentes. Gastar $10 por día en energía, por ejemplo, agotaría los ingresos per cápita de países como Angola, Ecuador y Macedonia. Por tanto, en el mundo en desarrollo se necesitan con urgencia grandes inversiones en servicios energéticos.

Con el fin de dar más energía para cumplir las metas del desarrollo sin acelerar el calentamiento global, debe haber un cambio a una nueva infraestructura energética que se construya alrededor de recursos renovables (de los cuales probablemente los más significativos sean la energía solar, la energía eólica y los biocombustibles), carbón más limpio y captura y almacenamiento de carbono.

El problema es que éstas son en la actualidad opciones mucho más costosas que las de sus alternativas con altas emisiones de carbono. A las autoridades de los países en desarrollo les preocupa que, si se las obliga a seguir este rumbo, los servicios energéticos modernos terminen fuera de alcance de los países, las familias y las comunidades pobres.

Las soluciones de mercado al reto del cambio climático presentan el muy serio riesgo de socavar los objetivos del desarrollo, precisamente porque apuntan a elevar el precio de los servicios energéticos con el fin de hacer las fuentes de energía renovables más atractivas a los inversionistas privados. De hecho, los elementos proteccionistas que se encuentran engarzados en estas propuestas las convierten decididamente en contrarias al desarrollo.

En consecuencia, lo que se necesita es una inversión pública masiva en suministro de energías más limpias, combinada en el corto plazo con subsidios adecuados para compensar los altos precios iniciales. Si se centra en las opciones tecnológicas más prometedoras (digamos, energía solar y eólica), una estrategia así permitiría una reducción temprana de los costos por unidad a través de innovación, capacitación y economías de escala, daría al sector privado señales claras, creíbles y atractivas, y estimularía la eficiencia en el uso de la energía.

El gran obstáculo es el acceso a fuentes de financiamiento previsibles y asequibles. Apoyar este gran impulso hacia las energías limpias en el mundo en desarrollo depende en gran medida de los gobiernos de los países ricos, ya que su prosperidad económica impulsada por las energías emisoras de carbono ha sido lo que nos ha puesto al borde de la catástrofe climática. Hasta ahora, los países ricos no han estado a la altura del reto; a pesar de los compromisos firmados en Kyoto, Bali y otros encuentros, los recursos comprometidos para la mitigación del cambio climático (para no hablar de adaptación) en los países en desarrollo han sido escasos y han estado mal enfocados.

La escala del apoyo necesario es comparable con el Plan Marshall, que comprometió un 1% del PGB de los Estados Unidos por año para ayudar a reconstruir Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, como ocurrió con el plan original, los beneficios de largo plazo de un compromiso así serán enormes.

Sin embargo, esta vez la carga no recaerá en un solo país, y ya hay disponible una mayor variedad de fuentes de financiamiento tradicionales e innovadoras para los programas de inversión necesarios en energía renovable y uso eficiente de la energía. Aún así, para aumentar la escala del apoyo multilateral será necesaria una gran reformulación de las finanzas internacionales.

En abril pasado, los líderes del G-20 aceptaron que invertir en una infraestructura que emita bajos niveles de carbono, en particular en cuanto a servicios energéticos, es clave para alcanzar un futuro en que la economía y el medio ambiente sean verdaderamente sostenibles. En Pittsburgh, con la urgencia que nos da la cuenta regresiva para adoptar un tratado que suceda al protocolo de Kyoto este diciembre en Copenhague, el G-20 tendrá una oportunidad real de demostrar que el color del dinero comprometido con las metas climáticas y de desarrollo es verdaderamente el verde.

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Nuestro futuro con poco carbono

Noticia

Nuestro futuro con poco carbono

LONDRES – La conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, que se celebrará en Copenhague el próximo mes de diciembre, debe constituir la culminación de dos años de negociaciones internacionales sobre un nuevo tratado mundial encaminado a abordar las causas y consecuencias de las emisiones de gases que provocan el efecto de invernadero.

Un acuerdo mundial sobre el cambio climático es urgentemente necesario. Las concentraciones de dióxido de carbono y de otros gases que provocan el efecto de invernadero en la atmósfera han alcanzado las 435 partes por millón (ppm) de CO2 equivalente, frente a unas 280 ppm antes de la industrialización en el siglo XIX.

Si seguimos lanzando emisiones como hasta ahora con actividades como la quema de combustibles fósiles y la tala de bosques, las concentraciones podrían alcanzar las 750 ppm al final del siglo. De ser así, el probable aumento de la temperatura media mundial respecto de los tiempos preindustriales será de 5ºC o más.

Hace treinta millones de años que la temperatura de la Tierra no era tan alta. La especie humana, que no lleva más de 200.000 años en ella, tendría que afrontar un medio físico más hostil que nunca. Las inundaciones y las sequías se volverían más intensas y los niveles mundiales del mar serían varios metros más altos, con lo que alterarían gravemente las vidas y los medios de subsistencia y causarían movimientos de población en gran escala y conflictos inevitables en todo el mundo. Algunas partes de éste quedarían sumergidas bajo el agua; otras se volverían desiertos.

Los países en desarrollo reconocen la injusticia de la situación actual y sienten irritación ante ella. Los niveles actuales de gases que provocan el efecto de invernadero se deben en gran medida a la industrialización en el mundo desarrollado desde el siglo XIX. Sin embargo, los países en desarrollo son los más vulnerables ante las consecuencias del cambio climático, que amenazan el crecimiento económico necesario para superar la pobreza. Al mismo tiempo, no se pueden reducir las emisiones al ritmo necesario sin la fundamental contribución del mundo en desarrollo.

Hay que abordar a la vez el cambio climático y la pobreza, las dos amenazas que caracterizan este siglo. Si fracasamos con una, fracasaremos con la otra. La tarea que afronta el mundo es la de afrontar las "limitaciones de carbono" en el medio ambiente, sin por ello dejar de crear el desarrollo necesario para elevar el nivel de vida de los pobres.

Para evitar los graves riesgos resultantes de un aumento de la temperatura media mundial de más de 2ºC, debemos reducir las concentraciones atmosféricas por debajo de 450 ppm, lo que requerirá una reducción de las emisiones mundiales anuales de unas 50 gigatoneladas de CO2 equivalente en la actualidad a menos de 35 gigatoneladas en 2030 y menos de 20 gigatoneladas en 2050.

En la actualidad, las emisiones anuales por habitante en la Unión Europea ascienden a 12 toneladas y a 23,6 toneladas en los Estados Unidos, frente a seis toneladas en China y 1,7 toneladas en la India. Como las proyecciones correspondientes a 2050 indican que la población mundial ascenderá a unos 9.000 millones, se deben reducir las emisiones anuales por habitante a dos toneladas, aproximadamente, de CO2 equivalente, por término medio, para que el total anual mundial ascienda a menos de 20 gigatoneladas.

La mayoría de los países desarrollados están fijándose reducciones de las emisiones anuales de al menos el 80 por ciento –en comparación con los niveles de 1990– de aquí a 2050. Para convencer a los países en desarrollo de que la meta de 2050 es creíble, deben ser a un tiempo ambiciosos y realistas sobre las amenazas políticas internas que afrontan al adoptar y aplicar una metas exigentes para 2020, 2030 y 2040.

Los países en desarrollo necesitan ayuda y apoyo importantes de las naciones ricas para ejecutar sus planes de crecimiento económico con poco carbono y adaptarse a los efectos del cambio climático, que serán ya inevitables en los próximos decenios. Además, los países desarrollados deben prestar un importante apoyo a las medidas encaminadas a frenar la desforestación en los países en desarrollo y para reducir las emisiones en gran medida y rápidamente y con un costo razonable.

A partir de los recientes cálculos de las necesidades suplementarias del mundo en desarrollo a consecuencia del cambio climático, los países ricos deben prestar un apoyo financiero anual –además de los compromisos de ayuda exterior vigentes– de unos 100.000 millones de dólares para la adaptación y otros 100.000 millones para la mitigación de aquí a comienzos del decenio de 2020. Parte de ellos pueden obtenerse mediante el mercado del carbono. Además, los países ricos deben demostrar que el crecimiento con poco carbono es posible invirtiendo en nuevas tecnologías, que se deben compartir con los países en desarrollo para impulsar sus medidas de mitigación.

Ya estamos viendo innovaciones extraordinarias debidas al sector privado, que impulsarán la transición a una economía mundial con poco carbono. Además, las inversiones en eficiencia energética y tecnologías que utilicen poco carbono podrían sacar la economía mundial de su desaceleración en los próximos años. Más importante es que, al impulsar la transición al crecimiento con poco carbono, dichas tecnologías podrían crear el período más dinámico e innovador de la historia económica, que superaría el de la introducción de los ferrocarriles, las redes eléctricas o la red Internet.

No hay una verdadera opción substitutiva. El crecimiento con mucho carbono está condenado, herido por los elevados precios de los combustibles fósiles y eliminado por el hostil medio físico que creará el cambio climático. El crecimiento con poco carbono será más seguro en materia de energía, más limpio, más apacible, más inocuo y tendrá mayor diversidad biológica.

Debemos aprender de la crisis financiera la lección de que, si se hace caso omiso de los riesgos, las consecuencias con el tiempo serán inevitablemente peores. Si no empezamos a luchar contra la corriente de emisiones de gases que provocan el efecto de invernadero, la acumulación en la atmósfera seguirá aumentando, con lo que la adopción de medidas futuras resultará más difícil y costosa. Se pueden aplazar otros gastos públicos, pero la de aplazar las medidas contra el cambio climático es una opción muy peligrosa y muy costosa.

El cambio climático representa una profunda amenaza para nuestro futuro económico, mientras que el crecimiento con poco carbono promete decenios de una prosperidad mayor. La elección en Copenhague será difícil y lo que está en juego no podría ser mayor. Sabemos lo que debemos hacer y podemos hacerlo.

Nicholas Stern, ex jefe del Servicio Económico del Gobierno del Reino Unido y ex economista jefe del Banco Mundial, es presidente del Instituto de Investigación Grantham sobre el Cambio Climático y el Medio Ambiente, profesor de Economía y Políticas Públicas en la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres y miembro de la Cámara de los Lores del Reino Unido.

FUENTE: http://es.cop15.dk/news/view+news?newsid=2381#
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La verdad sobre el cambio climático

La verdad sobre el cambio climático

Mucha gente pregunta cuán seguros estamos sobre la ciencia del cambio climático. El análisis más definitivo de la evidencia científica ha de encontrarse en el trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, tal su sigla en inglés) y su último informe de relevancia publicado en 2007. Yo tuve el privilegio de presidir o copresidir las evaluaciones científicas del Panel entre 1988 y 2002.

Muchos cientos de científicos de diferentes países participaron como colaboradores y revisores de estos informes, que probablemente sean las evaluaciones internacionales más integrales y minuciosas sobre cualquier tema científico que alguna vez se hayan llevado a cabo. En junio de 1995, justo antes de la cumbre del G-8 en Escocia, las Academias de Ciencia de las 11 economías más grandes del mundo (el G-8 más India, China y Brasil) emitieron un comunicado respaldando las conclusiones del IPCC e instando a los gobiernos mundiales a emprender una acción urgente para abordar el cambio climático. Los principales científicos del mundo no podrían haberse expresado de manera más contundente.

Desafortunadamente, fuertes intereses personales han invertido millones de dólares en difundir desinformación sobre el cambio climático. Primero, intentaron negar la existencia de cualquier evidencia científica sobre el calentamiento global. Más recientemente, en gran parte han aceptado la realidad del cambio climático antropogénico (fabricado  por el hombre), pero sostienen que sus impactos no serán grandes, que podemos "esperar a ver" y que, en cualquier caso, siempre podemos solucionar el problema si resulta ser sustancial.

La evidencia científica no respalda estos argumentos. Se necesita una acción urgente tanto para adaptarse al cambio climático que es inevitable como para reducir las emisiones de gases de tipo invernadero, especialmente CO2, para impedir un mayor deterioro en la medida de lo posible.

En la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, las naciones del mundo adhirieron a la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuyo objetivo es "estabilizar la concentración de gases de tipo invernadero en la atmósfera a un nivel que no cause una peligrosa interferencia con el sistema climático…, que permita que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, que asegure que la producción de alimentos no resulte amenazada, y que le permita al desarrollo económico proceder de manera sustentable". Llegado el caso, este tipo de estabilización incluso frenaría un mayor cambio climático.

Hoy se admite que un daño generalizado debido, por ejemplo, a un aumento del nivel del mar y a olas de calor, inundaciones y sequías más frecuentes e intensas ocurrirá incluso aunque se trate de pequeños aumentos de la temperatura promedio global. Por lo tanto, es necesario que se hagan grandes esfuerzos para mantener el incremento de la temperatura global promedio por debajo de los 2°C en relación a su nivel preindustrial.

Si queremos tener una buena posibilidad de alcanzar este objetivo, no debe permitirse que la concentración de CO2 supere las 450 partes por millón (hoy está cerca de 390 ppm). Esto implica que antes de 2050 las emisiones globales de CO2 deben reducirse a menos del 50% del nivel de 1990 (actualmente están 15% por sobre ese nivel), y que las emisiones promedio en los países desarrollados tienen que reducirse en por lo menos el 80% del nivel de 1990. El Reino Unido ya se ha comprometido a un objetivo vinculante de reducción de las emisiones en esos valores, y el presidente Barack Obama ya ha manifestado su intención de que Estados Unidos también se proponga ese objetivo.

Un requerimiento claro es que se interrumpa la deforestación tropical, responsable del 20% de las emisiones de gases de tipo invernadero, en la próxima década o dos. Con respecto a las emisiones resultantes de la quema de combustibles fósiles, la Agencia Internacional de Energía (AIE) en sus "Perspectivas de Tecnología Energética" describió en detalle las tecnologías y acciones que son necesarias en los diferentes países y sectores para alcanzar estos objetivos.

En el corto plazo, la AIE señala que será necesaria una acción muy fuerte y determinada para asegurar que las emisiones globales de CO2 dejen de aumentar (el incremento actual es más del 3% por año), alcancen un pico aproximadamente en 2015 y luego declinen sostenidamente hacia el objetivo de 2050. La AIE también señala que los objetivos se pueden alcanzar sin un perjuicio económico inaceptable. De hecho, la AIE enumera muchos beneficios que pueden materializarse si se siguen sus recomendaciones.

Lo que se requiere ahora es reconocer que el cambio climático antropogénico afectará seriamente a nuestros hijos y nietos, a los ecosistemas mundiales y a las comunidades más pobres del mundo, y que la gravedad del impacto puede aliviarse sustancialmente si se emprende una acción hoy mismo.

John Theodore Houghton, ex profesor de física atmosférica en la Universidad de Oxford, y fundador del Centro Hadely para la Predicción y la Investigación Climática, copresidió el grupo de trabajo de evaluación científica del IPCC y fue editor responsable de sus primeros tres informes.

Copyright: Project Syndicate, 2009. 
www.project-syndicate.org  
Traducción de Claudia Martínez
FUENTE:
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RODRIGO GONZALEZ FERNANDEZ
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martes, 10 de noviembre de 2009

QUE ENTENDEMOS POR PILA DE COMBUSTIBLE

Pila de combustible

De Wikipedia, la enciclopedia libre

 
 
Pila de hidrógeno. La celda en sí es la estructura cúbica del centro de la imagen.

Una pila de combustible, también llamada célula o celda de combustible es un dispositivo electroquímico de conversión de energía similar a una batería, pero se diferencia de esta última en que está diseñada para permitir el reabastecimiento continuo de los reactivos consumidos; es decir, produce electricidad de una fuente externa de combustible y de oxígeno en contraposición a la capacidad limitada de almacenamiento de energía que posee una batería. Además, los electrodos en una batería reaccionan y cambian según cómo esté de cargada o descargada; en cambio, en una celda de combustible los electrodos son catalíticos y relativamente estables.

Los reactivos típicos utilizados en una celda de combustible son hidrógeno en el lado del ánodo y oxígeno en el lado del cátodo (si se trata de una celda de hidrógeno). Por otra parte las baterías convencionales consumen reactivos sólidos y, una vez que se han agotado, deben ser eliminadas o recargadas con electricidad. Generalmente, los reactivos "fluyen hacia dentro" y los productos de la reacción "fluyen hacia fuera". La operación a largo plazo virtualmente continua es factible mientras se mantengan estos flujos.

Contenido

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[editar] Tecnología

Esquema de funcionamiento de una pila de combustible.

En el ejemplo típico de una célula de membrana intercambiadora de protones (o electrolito polimérico) hidrógeno/oxígeno de una celda de combustible (PEMFC, en inglés: proton exchange membrane fuel cell), una membrana polimérica conductora de protones (el electrolito), separa el lado del ánodo del lado del cátodo.

En el lado del ánodo, el hidrógeno que llega al ánodo catalizador se disocia en protones y electrones. Los protones son conducidos a través de la membrana al cátodo, pero los electrones están forzados a viajar por un circuito externo (produciendo energía) ya que la membrana está aislada eléctricamente. En el catalizador del cátodo, las moléculas del oxígeno reaccionan con los electrones (conducidos a través del circuito externo) y protones para formar el agua. En este ejemplo, el único residuo es vapor de agua o agua líquida. Es importante mencionar que para que los protones puedan atravesar la membrana, esta debe estar convenientemente humidificada dado que la conductividad protónica de las membranas poliméricas utilizadas en este tipo de pilas depende de la humedad de la membrana. Por lo tanto, es habitual humidificar los gases previamente al ingreso a la pila.

Además de hidrógeno puro, también se tiene el hidrógeno contenido en otras moléculas de combustibles incluyendo el diésel, metanol (véase DMFC) y los hidruros químicos, el residuo producido por este tipo de combustibles además de agua es dióxido de carbono, entre otros.

[editar] Tensión

La tensión de celda depende de la corriente de carga. La tensión en circuito abierto es de aproximadamente 1,2 voltios; para crear suficiente tensión, las celdas se agrupan combinándolas en serie y en paralelo, en lo que en inglés se denomina "Fuel Cell Stack" (pila de células de combustible). El número de celdas usadas es generalmente superior a 45 y varía según el diseño.

[editar] Materiales

Los materiales usados en celdas de combustible varían según el tipo. Véase Tipos de celda de combustible.

Las placas del electrodo/bipolar se hacen generalmente de nanotubos de metal, de níquel o de carbón, y están cubiertas por un catalizador (como el platino o el paladio) para conseguir una eficacia más alta. El electrolito puede ser de cerámica o bien una membrana.

[editar] Consideraciones de diseño en las celdas de combustible

  • Costos. En 2002, las celdas típicas tenían un coste debido al catalizador de 850 (aprox. 1000 USD) por kilovatio energía eléctrica útil; sin embargo, se espera que antes de 2007, sea reducida a unos 25 € (aprox. 30 USD) por kilovatio [1]. Ballard ha conseguido, gracias a un catalizador mejorado con seda de carbono (carbon silk), una reducción del 30% (1 mg/cm² a 0,7 mg/cm²) de la cantidad de platino sin una reducción en rendimiento (información de 2005)[2].
Los costes MEA (del inglés Membrane Electrode Assembly, o montaje del electrodo de la membrana) del PEM (membrana intercambiadora de protones) varían según el fabricante. Así, la membrana de Nafion® de aprox. 400 €/ utilizada en la membrana PEM de Toyota y 3M está siendo substituida por la membrana de la ITM Power, con un precio alrededor de 4 €/m² (2004). Esta membrana nueva es un hidrocarburo-polímero. Una compañía holandesa que ha realizado grandes inversiones en este terreno está utilizando Solupor® (un film de polietileno poroso)[3].
  • Gestión del agua en las PEMFC. En este tipo de celdas de combustible, la membrana debe hidratarse, requiriendo evaporar el agua exactamente en la misma medida en que ésta es producida. Si el agua se evapora demasiado rápido, la membrana se seca, la resistencia a través de ella aumenta, y se agrietará, creando un "corto circuito" de gas donde el hidrógeno y el oxígeno se combinan directamente, generando calor que dañará la celda de combustible. Si el agua se evapora demasiado lentamente, los electrodos se inundarán, evitando que los reactivos puedan alcanzar el catalizador y se parará la reacción. Uno de los objetivos más importantes en la investigación sobre células de combustible es la adecuada gestión del agua.
  • Gestión de la temperatura. Se debe mantener la misma temperatura en toda la celda para evitar la destrucción de la celda por fatiga térmica.
  • Control de flujo. Al igual que en un motor de combustión, hay que mantener una relación constante entre el reactivo y el oxígeno para que la celda funcione eficientemente.
  • Durabilidad, vida, y requisitos especiales para ciertos tipos de celdas. Los usos estacionarios requieren normalmente más de 40.000 horas operativas fiables a una temperatura de -35 °C a 40 °C, mientras que las células de combustible para automoción requieren al menos de 5.000 horas (el equivalente a unos 200.000 kilómetros) bajo temperaturas extremas. (Véase: Vehículo de hidrógeno). Las aplicaciones para automoción deben además permitir el arranque en frío hasta -30 °C y poseer una alta potencia por unidad de volumen (típicamente 2.5 kW por litro).

[editar] Tipos de celdas de combustible

Nombre Electrolito Rango Temperatura
de trabajo
Eficiencia
eléctrica
Estado
Célula de combustible reversible
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Reversible fuel cell
Kit para la enseñanza
Energía azul
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Blue Energy
membrana de polietileno Superior a 250 kW Investigación
Célula de combustible biológica
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MFC - Biological fuel cell
Celda de combustible de zinc
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Zinc fuel cell ('Air' fuel cell)
Batería de flujo
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Redox fuel cell
Investigación
Pila de combustible alcalina
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Alkaline fuel cell (AFC)
solución alcalina de 10 a 100 kW inferior a 80°C Celda: 60–70% Sistema: 62% Comercializada/
Investigación
Célula de combustible de membrana de intercambio de protones
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Proton exchange membrane fuel cell (PEM FC)
membrana polimérica(ionomer) de 0,1 a 500 kW 70–200 °C, Celda: 50–70 % Sistema: 30–50 % Comercializada/
Investigación
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Direct borohydride fuel cell (DBFC)
solución alcalina NaOH 70 °C Investigación
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Formic acid fuel cell (FAFC)
ácido fórmico 90–120 °C Investigación
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Direct methanol fuel cell (DMFC)
membrana polimérica de pocos mW a 100 kw 90–120 °C Celda: 20–30 % Comercializandose/
Investigación
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Direct-ethanol fuel cell (DEFC)
Investigación
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Phosphoric acid fuel cell (PAFC)
Ácido fosfórico Superior a 10 MW 200 °C Celda: 55 % Sistema: 40 % Comercializada/
Investigación
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Molten carbonate fuel cell (MCFC)
Carbonato-Alcalino Fundido 100 MW 650 °C Celda: 55 % Sistema: 47 % Comercializandose/
Investigación
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Protonic ceramic fuel cell (PCFC)
cerámica 700 °C Investigación
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Solid oxide fuel cell (SOFC)
Electrolito de Óxido Cerámico Superior a 100 kW 800–1000 °C Celda: 60–65 % Sistema: 55–60 % Comercializandose/
Investigación

[editar] Rendimiento

El rendimiento de las células de combustible, a diferencia de los motores de combustión (interna y externa) no está limitado por el ciclo de Carnot ya que no siguen un ciclo termodinámico. Por lo tanto, su rendimiento es muy alto en comparación, al convertir energía química en eléctrica directamente. El rendimiento de una celda de combustible \eta\,\!, bajo condiciones estándares está limitado por el cociente entre la variación de la energía libre (estándar) de Gibbs\Delta\mathrm{G}^\circ, y la variación de la entalpía estándar de la reacción química completa\Delta\mathrm{H}^\circ. El rendimiento real es igual o normalmente inferior a este valor.

\eta\,=\frac{\Delta\mathrm{G}^\circ}{\Delta\mathrm{H}^\circ}

Una célula de combustible convierte normalmente la energía química de combustible en electricidad con un rendimiento aproximadamente del 50%. El rendimiento sin embargo depende en gran medida de la corriente que circula a través de la celda de combustible: cuanto mayor es la corriente, menor el rendimiento. Para una de hidrógeno, el rendimiento (energía real/energía teórica) es igual a la tensión de la celda dividida por 1,23 voltios, a una temperatura de 25 °C. Esta tensión depende del combustible usado, de la calidad y de la temperatura de la célula. Una célula que funcione a 0,6 V tendrá un rendimiento cercano al 50%, lo que significa que el 50% de la energía contenida en el hidrógeno es convertida en energía eléctrica.

Una pila de combustible y un electrolizador devuelven menos del 50 por ciento de la energía de entrada (esto se conoce como eficacia del proceso reversible), mientras que una batería de plomo y ácido mucho más barata puede devolver cerca de 90 por ciento.

Hay que considerar también las pérdidas debidas a la producción, al transporte y al almacenaje. Los vehículos con célula de combustible que funcionan con hidrógeno comprimido tienen una eficiencia del 22% si el hidrógeno se almacena como gas a alta presión, y del 17% si se almacena como hidrógeno líquido (estas cifras deberían justificar su metodología de cálculo).

Las células de combustible no pueden almacenar energía como una batería, sino que en algunos usos, como centrales eléctricas independientes basadas en fuentes "discontinuas" (solares, energía del viento), se combinan con electrolizadores y sistemas de almacenaje para formar un conjunto para almacenar esta energía. El rendimiento del proceso reversible (de electricidad al hidrógeno y de nuevo a electricidad) de tales plantas se encuentra entre el 30 y el 40%.

En "usos combinados de calor y de energía" (cogeneración), para aplicaciones donde también se requiere energía calorífica, se acepta un rendimiento más bajo de la conversión de combustible a electricidad (típicamente 15-20%), porque la mayoría de la energía no convertida en electricidad se utiliza como calor. Se pierde algo de calor con los gases que salen de la célula como ocurre en cualquier caldera convencional, por lo que con esta producción combinada de energía térmica y de energía eléctrica la eficacia sigue siendo más baja de 100%, normalmente alrededor del 80%. En términos de energía sin embargo, el proceso es ineficaz, y se obtendrían mejores resultados energéticos maximizando la electricidad generada y después usando la electricidad para hacer funcionar una bomba de calor.

[editar] Aplicaciones de las celdas de combustible

Las celdas de combustible son muy útiles como fuentes de energía en lugares remotos, como por ejemplo naves espaciales, estaciones meteorológicas alejadas, parques grandes, localizaciones rurales, y en ciertos usos militares. Un sistema con celda de combustible que funciona con hidrógeno puede ser compacto, ligero y no tiene piezas móviles importantes.

Aplicaciones de cogeneración (uso combinado de calor y electricidad) para viviendas, edificios de oficinas y fábricas. Este tipo de sistema genera energía eléctrica de manera constante (vendiendo el exceso de energía a la red cuando no se consume), y al mismo tiempo produce aire y agua caliente gracias al calor que desprende. Las celdas de combustible de Ácido fosfórico (PAFC Phosphoric-Acid Fuel Cells) abarcan el segmento más grande de aplicaciones de cogeneración en todo el mundo y pueden proporcionar eficacias combinadas cercanas al 80% (45-50% eléctrico + el resto como térmica). El mayor fabricante de células de combustible de PAFC es UTC Power, una división de United Technologies Corporation. También se utilizan celdas de combustible de carbonato Fundido (MCFC Molten Carbonate Fuel Cell) con fines idénticos, y existen prototipos de celdas de óxido sólido (SOFC Solid-Oxide Fuel Cell).

Los sistemas electrolizadores no almacenan el combustible en sí mismos, por lo que necesitan de unidades de batería externas, lo que supone un problema serio para áreas rurales. En este caso, las baterías tienen que ser de gran tamaño para satisfacer la demanda del almacenaje, pero aun así esto supone un ahorro con respecto a los dispositivos eléctricos convencionales.

Existe un programa experimental en Stuart Island en el estado de Washington, donde la compañía Stuart Island Energy Initiative ha construido un sistema completo en el cual los paneles solares generan la corriente para hacer funcionar varios electrolizadores que producen hidrógeno. Dicho hidrógeno se almacena en un tanque de 1900 litros, a una presión de 10 a 80 bar. Este combustible finalmente se utiliza para hacer funcionar una celda de combustible de hidrógeno de 48 V ReliOn que proporciona suficiente energía eléctrica para fines residenciales en la isla (véase el enlace externo a SIEI.ORG).

Protium, una banda de rock formada en la Ponaganset High School, en Glocester, fue el primer conjunto musical del mundo en utilizar celdas de combustible de hidrógeno para proveerse de energía. La banda utilizaba un Airgen Fuelcell de 1kw Ballard Power systems. El conjunto ha tocado en numerosos eventos relacionados con las celdas de combustible incluyendo el CEP de Connecticut, y el 2003 Fuel Cell Seminar en Miami beach.

Plug Power Inc. es otra compañía importante en el diseño, desarrollo y fabricación de celdas de combustible PEM para aplicaciones estacionarias, incluyendo productos dirigidos a las telecomunicaciones, energía básica, y aplicaciones de cogeneración.

[editar] Otros posibles usos

  • Plantas de potencia
  • Vehículos Eléctricos
  • Sistemas Auxiliares de Energía
  • Sistemas de apoyo a la red eléctrica

En la actualidad, los mayores problemas residen en los materiales de soporte y de catálisis. Según diversos autores(Venkatachalapathy, Davila et al. 1999), (Hoogers 2003), un material electrocatalizador debe satisfacer varios requisitos. Necesita, en primer lugar, alta eficiencia en la oxidación electroquímica del combustible en el ánodo, (e.g. H2 o CH4) y para la reducción del O2 en el cátodo. Una elevada durabilidad es también un requisito fundamental: se espera que las PEMFCs funcionen al menos durante 10.000 horas. Es necesario que un electrocatalizador tenga una buena conductividad eléctrica para reducir al mínimo las pérdidas por resistencia en la capa del catalizador. Ha de tener finalmente un bajo coste de producción.

[editar] Vehículos de hidrógeno, barcos, aviones y estaciones de servicio

El Toyota FCHV PEM FC, un vehículo diseñado por Toyota impulsado por hidrógeno

La primera estación de reabastecimiento de hidrógeno como combustible fue abierta en Reykjavík, Islandia en abril de 2003. Esta estación abastece a tres autobuses construidos por DaimlerChrysler y que prestan servicio en la red de transporte público de Reykjavík. La propia estación produce el hidrógeno que necesita, gracias a una unidad electrolizadora (fabricada por Norsk Hydro), y no necesita ser abastecida externamente: los únicos suministros necesarios son electricidad y agua. Shell también participa en el proyecto. La estación no tiene cubierta, para que en caso de peligro el hidrógeno pueda escapar libremente a la atmósfera.

Hay numerosos prototipos y modelos de coches y autobuses basados en la tecnología de la pila de combustible. Las empresas de automoción siguen investigando y ya han llegado a fabricar algunos prototipos. Compañías como DaimlerChrysler, Ballard Power Systems, Ford, Volvo, Mazda, General Motors, Honda, BMW, Hyundai, o Nissan, entre otras. Según la industria del automóvil se espera que los primeros vehículos comerciales estén disponibles en el 2010.

Submarino Type 212 en el puerto

Los submarinos Type 212A, un avanzado diseño alemán no nucleares, utiliza pilas de combustible (desarrolladas por Siemens) para alimentar nueve propulsores y puede mantenerse sumergido durante semanas sin tener que subir a la superficie.

En abril de 2008, en Toledo (España), la compañía Boeing hizo volar el primer avión propulsado por pila de hidrógeno.[1] De manera parecida Airbus está desarrollando un prototipo de avión que utiliza esta tecnología.

Actualmente, un equipo de estudiantes universitarios llamado Energy-Quest está preparando un barco accionado por esta tecnología para hacer un viaje alrededor del mundo, así como otros proyectos usando combustibles más eficientes o renovables. Su empresa se llama Tritón.

[editar] Economía y Medio Ambiente

Las celdas de combustible son muy atractivas para usos avanzados por su alta eficacia e idealmente (véase energías renovables) por ser de emisiones cero, en contraste con los combustibles actuales más comunes, como puedan ser el metano o el gas natural, que siempre generan dióxido de carbono. Casi el 50% de toda la electricidad que es producida en los Estados Unidos, es procedente del carbón, que es una fuente de energía relativamente sucia. Si se utiliza electrólisis para crear el hidrógeno usando la energía procedente de las centrales eléctricas, en realidad el hidrógeno es creado a partir de carbón. Aunque la celda de combustible sólo emita calor y agua como residuos, el problema de la contaminación continuará presente en las centrales eléctricas.

Un acercamiento global debe considerar los impactos provocados por el escenario completo del hidrógeno, lo que incluye la producción, el uso, la infraestructura y los conversores de energía. Las pilas de combustible hoy en día están sobredimensionadas de catalizador, para compensar su propio deterioro [4]. La limitación en las reservas minerales de platino ha provocado la búsqueda de otras soluciones, por ejemplo la síntesis de un complejo inorgánico muy similar a la base catalítica del hierro-sulfuro de las bacterias hidrogenasas [5]. Las reservas mundiales de platino serían insuficientes (una cuarta parte) del necesario para permitir una conversión total de los vehículos a células de combustible: una introducción significativa de vehículos con la actual tecnología, por lo tanto, provocaría un gran incremento del precio del platino y un descenso significativo de sus reservas.

[editar] Historia

El principio de funcionamiento de la célula de combustible fue descubierto por el científico Christian Friedrich Schönbein en Suiza en 1838 y publicado en la edición de enero de 1839 del "Philosophical Magazine". De acuerdo con este trabajo, la primera fue desarrollada en 1843 por Sir William Grove, un científico galés, utilizando materiales similares a los usados hoy en día para la célula de ácido fosfórico. No fue hasta 1959 cuando el ingeniero británico Francis Thomas Bacon desarrolló con éxito una célula estacionaria de combustible de 5 kilovatios.

En 1959, un equipo encabezado por Harry Ihrig construyó un tractor basado en una célula de combustible de 15 kilovatios para Allis-Chalmers que fue expuesto en EE.UU. en las ferias del estado. Este sistema utilizó hidróxido de potasio como electrolito e hidrógeno y oxígeno comprimidos como reactivos.

Más adelante, en 1959, Bacon y sus colegas fabricaron una unidad de 5 kW capaz de accionar una máquina de soldadura, que condujo, en los años 60 a que las patentes de Bacon licenciadas por Pratt y Whitney en los Estados Unidos (al menos la idea original) fuesen utilizadas en el programa espacial de Estados Unidos para proveer a los astronautas de electricidad y de agua potable a partir del hidrógeno y oxígeno disponibles en los tanques de la nave espacial.

Paralelamente a Pratt & Whitney Aircraft, General Electric desarrolló la primera pila de membrana de intercambio de protones (PEMFCs) para las misiones espaciales Gemini de la NASA. La primera misión que utilizó PEFCs fue la Gemini V. Sin embargo, las misiones del Programa Apolo y las misiones subsecuentes Apolo-Soyuz, del Skylab, y del transbordador utilizaban celdas de combustible basadas en el diseño de Bacon, desarrollado por Pratt & Whitney Aircraft.

UTX, subsidiara de UTC Power fue la primera compañía en fabricar y comercializar un sistema de células de combustible estacionario a gran escala, para su uso como central eléctrica de cogeneración en hospitales, universidades, y grandes edificios de oficinas. UTC Power continúa comercializándola bajo el nombre de PureCell 200, un sistema de 200 kilovatios, y sigue siendo el único proveedor para la NASA para su uso en vehículos espaciales, proveyendo actualmente al trasbordador espacial. Además está desarrollando celdas de combustible para automóviles, autobuses, y antenas de telefonía móvil. En el mercado de automoción, UTC Power fabricó la primera capaz de arrancar a bajas temperaturas: la célula de membrana de intercambio de protones (PEM).

Los materiales utilizados eran extremadamente caros y las celdas de combustible requerían hidrógeno y oxígeno muy puros. Las primeras celdas de combustible solían requerir temperaturas muy elevadas que eran un problema en muchos usos. Sin embargo, se siguió investigando en celdas de combustible debido a las grandes cantidades de combustible disponibles (hidrógeno y oxígeno).

A pesar de su éxito en programas espaciales, estos sistemas se limitaron a aplicaciones especiales, donde el coste no es un problema. No fue hasta el final de los años 80 y principios de los 90 que las celdas de combustible se convirtieron en una opción real para uso más amplio. Varias innovaciones, catalizador con menos platino y electrodos de película fina bajaron su coste, haciendo que el desarrollo de sistemas PEMFC (para, por ejemplo, automóviles) comenzara a ser realista.

Gerhard Ertl, ganador del Premio Nobel de Química en 2007, fue el descubridor del funcionamiento de las pilas de combustible.

[editar] Bibliografía

  • Gregor Hoogers, Hoogers Hoogers - Fuel Cell Technology Handbook - Edita:CRC Press Enero de 2003 - ISBN 0-8493-0877-1
  • Venkatachalapathy, R., G. P. Davila, et al. (1999). "Catalytic decomposition of hydrogen peroxide in alkaline solutions." Electrochemistry Communications 1: 614-617.

[editar] Referencias

  1. «Boeing presenta el primer avión de pila de hidrógeno». Consultado el 15 de enero de 2009.

[editar] Enlaces externos

[editar] Véase también

FUENTE:
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