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Rodrigo González Fernández
Diplomado en RSE de la ONU
Diplomado en Gestión del Conocimiento de la ONU
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SANTIAGO CHILE
El calentamiento global, el cambio climatico y la importancia para los paises y el mundo . Buscaremos los mejores artículos de la blogosfera para uds. Tenemos cursos, charlas, conferencias para todo nivel. Pueden consultar fechas y reservas :celular: 03934521 o nos envias un e-mail.
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Redacción
BBC Mundo
Según Brown, si fracasa la cumbre de Copenhague, no habrá "plan B" para el planeta.
El primer ministro británico, Gordon Brown, recordó que los negociadores de un acuerdo global sobre cambio climático tienen menos de 50 días para prevenir un calentamiento global de graves consecuencias.
En un discurso en Londres en el lForo de las Grandes Economías ante los representantes de los 17 mayores emisores de dióxido de carbono -el gas que produce el efecto invernadero- el jefe de gobierno advirtió de las consecuencias "catastróficas" que podrían sobrevenir si no se alcanza un acuerdo en diciembre con ocasión de la cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático en Copenhague.
Brown criticó que las negociaciones no estén avanzando a buen ritmo, e hizo un llamamiento a los líderes mundiales para que se comprometan en forma directa y quiebren el impasse.
Al mismo tiempo, el grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) en Australia advirtió de un cambio climático que quedaría fuera de control en los próximos cinco a 10 años, si no se recortan drásticamente las emisiones de CO2.
Las conversaciones preparatorias para la cumbre se han estancado, según trascendió a la prensa.
Inundaciones, sequías y olas de calor letales son algunas de las consecuencias "catastróficas", son algunas de las consecuencias a las que se refirió Brown.
Según alertó, "no habrá plan B" si fracasa Copenhague.
Esta cumbre se convocó con el propósito de concordar un nuevo acuerdo climático que reemplace al obsoleto Protocolo de Kyoto.
Pero como explica el especialista de la BBC James Landale, no todo está saliendo como se esperaba.
En los últimos días trascendió que las conversaciones preparatorias se han estancado. Rajendra Pachauri, directora del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, dijo la semana pasada a la revista Newsweek que "parece cada vez más improbable que los estados se comprometan a algo en Copenhague".
De acuerdo con Brown, "si no se alcanza un acuerdo, sin dudas, el daño de las emisiones descontroladas no podrá ser reparado con un acuerdo retroactivo futuro".
En sus palabras, "el mundo enfrentará más conflictos alimentados por la migración que provocará el cambio climático".
Y "1.800 millones de personas" podrían sufrían de escasez de agua", afirmó.
El miércoles 28 de octubre ingresará a tramitación el proyecto de ley que creará el nuevo Tribunal Ambiental, que complementará la nueva institucionalidad medio ambiental creada en el proyecto de ley que tramita el Senado.
Se trata del compromiso en vivo y en directo que asumió ayer en la Comisión de Medio Ambiente, la ministra presidenta de la Conama, Ana Lya Uriarte, para dar viabilidad al acuerdo político que firmarán el próximo lunes.
Así lo reveló el presidente de la comisión de Medio Ambiente, Pablo Longueira (UDI), quien agregó que la idea es entregar también una rápida tramitación al nuevo cuerpo legal que será consensuado con las autoridades en los próximos días.
"Por primera vez, el Ejecutivo se comprometió con una fecha, que será el próximo miércoles 28 de octubre, para ingresar a tramitación el proyecto de ley que crea los tribunales ambientales", precisó Longueira.
El legislador agregó que el nuevo apuro para enviar el otro proyecto de ley obedece al compromiso que asumieron para votar en la sala del Senado el proyecto de ley que crea la institucionalidad Medio Ambiental, después que ingresara la otra iniciativa. Vale decir, si el proyecto ingresa el miércoles 28 de octubre desde ese momento el otro proyecto de ley podría ser votado por los senadores.
Los contenidos
En todo caso, todavía está pendiente conocer el detalle de esta iniciativa legal lo que negociarán en los próximos días porque el nuevo entendimiento exige que exista consenso sobre la nueva ley.
"Yo presenté personalmente una indicación, sé que es inadmisible, pero en ella planteó que quiero que sea un tribual lo más parecido al Tribunal de la Libre Competencia y la Fiscalía Nacional Económica", adelantó Longueira.
Ello, para dejar claramente definido un sistema que fije "los criterios de fiscalización y las sanciones, evitando estas superintendencias que son juez y parte. Por lo tanto, el tribunal es parte del consenso que tenemos que obtener para el acuerdo político", concluyó el parlamentario.
"La verdad es que, tal vez hubo exceso de entusiasmo". Así de claro fue el presidente de la comisión de Medio Ambiente del Senado, Pablo Longueira (UDI), para explicar el atraso del acuerdo político que ayer iban a firmar con el Gobierno para acelerar el proyecto de ley que crea la nueva institucionalidad ambiental. Sin embargo, dicho entendimiento continúa totalmente vigente al punto que el senador Longueira espera despachar la totalidad del proyecto durante la sesión del próximo lunes.
Por lo mismo, ayer en el ex Congreso definieron la técnica legislativa que usarán para lograr dicho objetivo y, además, delinearon los nueve ejes sobre los cuales descansará el acuerdo político. A saber: creación del Tribunal Medio Ambiental, nuevo Servicio de Áreas Protegidas y Biodiversidad, Superintendencia, Consejo de Ministros, Corema, Evaluación Ambiental Estratégica, Declaración de Impacto Ambiental, definiciones conceptuales y cambios en la caducidad de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA).
Todas estas materias serán ingresadas el lunes a trámite -vía indicaciones del Ejecutivo- para ser discutidas y, sobre esta base, analizar los otros 1.345 cambios presentados por los senadores. Esto último, porque el mecanismo ideado contempla abrir un nuevo plazo de indicaciones -para validar los cambios del gobierno- y la redacción de nuevos artículos que serán votados al comienzo.
Además, ayer fueron declaradas inadmisibles cerca de 300 indicaciones, donde operará el criterio del Ejecutivo.
"En todos aquellos artículos donde hay indicaciones admisibles se facultó al Ejecutivo para que presentará redacciones nuevas, recogiendo el espíritu mayoritario para iniciar el lunes la votación y si se aprueban los senadores retirarán sus indicaciones y las que sean incompatibles quedarán rechazadas", precisó Longueira.
Así las cosas, "ojala el próximo lunes podamos concretar el acuerdo político", recalcó la ministra presidenta de la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama), Ana Lya Uriarte, sobre todo tras acordar las nueve materias a modificar.
Detalle de los cambios
1 Tribunal Medioam-biental:
Se creará a través de otro proyecto de ley (ver nota relacionada).
2 Servicio de Áreas Protegidas y Biodiversidad:
Reemplazará las funciones de la Conaf en conservación y protección de áreas silvestres públicas. También fiscalizará los parques privados y la Conaf solo se dedicará al fomento productivo.
3 Superintendencia:
Se mejorarán las facultades fiscalizadoras y adecuará al nuevo Tribunal Medio Ambiental.
4Consejo de Ministros:
Se mantendrá esta institución, pero cambiará el mecanismo de sucesión ante la ausencia del ministro de Medio Ambiente. Sería Agricultura y no Hacienda como hoy.
5Corema:
Este organismo evaluador, que fue rechazado por la Cámara de Diputados, igual será integrado.
6 Evaluación Ambiental Estratégica:
Esta instancia de planificación ambiental se le incluirán cambios para precisar el alcance de los planos reguladores como lo pidieron algunos senadores.
7Declaración de Impacto Ambiental:
Se aclarará el rol y la forma de la participación ciudadana. La idea es mantener el concepto actual pero hacer precisiones en los casos donde no habrá participación.
8 Definiciones conceptuales:
Los artículos 2 y 10 del proyecto incluyen múltiples definiciones sobre la nueva institucionalidad y todas fueron objeto de indicaciones. Se incluirán cambios el texto final con las definicioines que quiere las que serán votadas en primer lugar.
9Resolución de Calificación Ambiental (RCA):
El mundo empresarial pedía ampliar el plazo de validez de la RCA porque lo consideraba muy corto. Por lo tanto, se duplicaría desde los tres a los seis años como una forma de sortear la burocracia.
El arca de Noe de las plantas: la bóveda del fin del mundo.
El archipiélago noruego de Svalbard, conocido por muchos como "la Perla del Ártico", es un lugar remoto y extraño situado entre los 74º y los 80º Norte. Longyearbyen, su capital, es el sitio habitado más próximo al Polo Norte geográfico.
En este archipiélago se ubica también una construcción que nos remite a las películas de ciencia ficción sobre el fin del mundo. Estoy hablando de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (en inglés, Svalbard Global Seed Vault y en noruego, Svalbard globale frøkvelv), que ya ha sido apodado como la "bóveda del fin del mundo".
Un silo que se construyó a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca en la isla de Spitsbergen, cerca de Longyearbyen, a 1.000 kilómetros de Noruega y a otros 1.000 del Polo Norte. Las obras se iniciaron en marzo de 2007 y el silo se inauguró oficialmente el 26 de febrero de 2008.
Ciudades de bajo carbono
Londres, Copenhague, Adelaida, Phoenix o Vancouver se han propuesto disminuir sus emisiones de dióxido de carbono (CO2). Para ello, estas "ciudades de bajo carbono", cada vez más numerosas en todo el mundo, asumirán medidas de apoyo a las energías renovables, las tecnologías ecológicas o el urbanismo sostenible. Los expertos explican que estas iniciativas, además de luchar contra el cambio climático, aumentarán los puestos de trabajo "verdes" y reducirán la dependencia de unos combustibles fósiles que se agotan.
- Imagen: Stephen -
Reino Unido quiere dar ejemplo como país pionero en la lucha contra el cambio climático. Su Plan de Transición al Bajo Carbono pretende reducir hasta 2020 las emisiones de gases de efecto invernadero un 34% por debajo de los niveles de 1990. Las medidas son muy diversas y en algunos casos pioneras: aumento de los coches eléctricos y de la eficiencia en los vehículos de combustible, instalación de contadores inteligentes en los hogares, aislamiento térmico de las viviendas, construcción de edificios de energía cero, etc.
Reino Unido quiere reducir hasta 2020 sus emisiones de gases de efecto invernadero un 34% por debajo de los niveles de 1990
La capital británica encabeza esta apuesta y uno de sus objetivos es transformarse en una ciudad de bajo carbono. Sus responsables consistoriales instauraron el año pasado una Zona de Bajas Emisiones para dejar fuera del centro urbano a los vehículos más contaminantes. Otra medida reciente convertirá a diez distritos en "zonas de bajo carbono". El ayuntamiento londinense invertirá al menos 220.000 euros en cada zona para que asuman diversas medidas de eficiencia energética y de reducción de las emisiones de CO2. Se calcula que unos 13.000 hogares, 1.000 tiendas y negocios, 20 escuelas, un hospital y varios lugares de culto y centros comunitarios se beneficiarán de esta iniciativa.
El proyecto incluye ayudas para familias de ingresos bajos que instalen sistemas de aislamiento térmico o paneles solares. Varios programas educativos explicarán a los vecinos cómo reducir el consumo energético o cómo utilizar contadores inteligentes.
Londres no es la única metrópoli del mundo que aspira a reducir sus emisiones de CO2. La carrera por transformarse en una ciudad de bajo carbono tiene a varios contendientes bien situados. Copenhague, que en diciembre acogerá la Cumbre Mundial sobre el Clima, sucesora de Kyoto, ha anunciado su objetivo de convertirse en la primera capital del planeta con "cero emisiones" de CO2 en 2025. El aumento de la energía eólica o la generalización de los coches eléctricos y de hidrógeno son algunas de sus bazas. Pero puede que en su propio país haya quien se adelante. La pequeña ciudad portuaria de Frederikshavn (25.000 habitantes) quiere ser en 2015 la primera urbe basada en energías renovables al 100%.
- Imagen: Martin P -
Suecia ha demostrado hace años su conciencia ecológica. Varias ciudades han asumido ambiciosos planes medioambientales, como Växjö. Esta localidad de 80.000 habitantes se ha propuesto, desde los años noventa, abandonar los combustibles fósiles para 2050. En la actualidad, gracias a la explotación de los bosques, el 57% de sus necesidades energéticas (84% de la calefacción y más de un tercio de la electricidad) proviene de fuentes renovables. La ciudad ha reducido sus emisiones de CO2 en un 25% en diez años.
En otros lugares del mundo no quieren quedarse a la zaga. La ciudad australiana de Adelaida aspira a lograr una "neutralidad de carbono" entre 2020 y 2025. La ciudad de Phoenix (Arizona) ha anunciado su intención de ser la primera villa estadounidense neutra de carbono. Sus responsables invertirán mil millones de dólares para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 70% en tres o cuatro años.
La ciudad canadiense de Vancouver y el estado norteamericano de California han llegado a un acuerdo de colaboración para desarrollar "zonas de desarrollo económico de bajo carbono". Sus responsables incentivarán el uso de tecnologías ecológicas para reducir las emisiones de CO2 y aumentar el número de trabajadores del sector "verde".
Copenhague ha anunciado su objetivo de convertirse en la primera capital del mundo con cero emisiones de CO2 en 2025
Varias ciudades mexicanas son candidatas para un estudio piloto denominado "Hacia Ciudades Competitivas Bajas en Carbono", que pretende mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. La población barcelonesa de Sant Cugat del Vallès estudia la posibilidad de crear la primera comunidad residencial de España con un balance de cero emisiones de CO2.
Asia también se quiere sumar a estas iniciativas. Japón anunció en 2007 su objetivo de reducir entre un 60% y un 80% las emisiones de CO2 para 2050 y convertirse en una "sociedad de bajo carbono". Para ello, impulsará diversas medidas que incluyen el apoyo a las tecnologías medioambientales, la asunción de un sistema de comercio de emisiones doméstico o impuestos de carbono. En China, varios responsables institucionales han reconocido su interés por gestionar de forma sostenible la gran velocidad de la urbanización en este país. La puesta en marcha de medidas de bajo carbono sería una de las iniciativas que se podrían llevar a cabo.
La construcción de nuevas ciudades con criterios futuristas y medioambientales es otro intento a largo plazo. Los responsables de Dongtan, en China, o Masdar, en Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) han asumido como prioridad la reducción de las emisiones de CO2. En Europa, los responsables de la Comisión seleccionarán a 30 urbes, dentro del Plan Estratégico de la Energía (SET), para lograr que en 2020 se conviertan en "ciudades inteligentes". Entre las medidas se contempla la creación de zonas de bajo carbono o la utilización de nuevas tecnologías ecológicas y energías renovables.
El tema de las ciudades de bajo carbono será objeto de debate en un Congreso internacional que se celebrará en Oporto (Portugal) durante este mes de octubre. Su responsable, la Asociación Internacional de Urbanistas (ISOCARP/AIU), señala la necesidad de una planificación urbanística que haga realidad este tipo de iniciativas.
Desafíos de las ciudades de bajo carbono
Algunos expertos reconocen las buenas intenciones de estas iniciativas, pero recuerdan que el concepto de "bajo carbono" es muy amplio. La neutralidad puede significar no eliminar todas las emisiones de CO2, sino compensarlas en un mercado de carbono. Por ello, recomiendan que los objetivos impuestos por estas ciudades se reflejen en inversiones y medidas ecológicas reales para los próximos años.
Según Daniel Lerch, autor del libro "Ciudades Post Carbono: Planeando la Incertidumbre sobre la Energía y el Clima", los retos del cambio climático y el fin de los combustibles fósiles sólo se podrán afrontar con medidas innovadoras, diferentes a las tomadas hasta ahora. Lerch recomienda transformar el sistema del transporte y el uso de la tierra, reducir el consumo de energía o emprender una estrategia de "relocalización" que devuelva el protagonismo a las comunidades locales.
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Energía termal oceánica
Utilizar el océano como un gigantesco colector de energía solar térmica es el objetivo del sistema denominado "Conversión de la Energía Termal del Océano" (OTEC). Sus defensores aseguran que podría cubrir las necesidades energéticas de todo el mundo y ofrecer otras aplicaciones. El calor oceánico podría utilizarse para sistemas de aire acondicionado, desarrollar granjas agrícolas y piscifactorías, producir agua dulce desalada, extraer minerales o luchar contra el cambio climático. A pesar de su potencial, las instalaciones de OTEC se mueven a nivel experimental o en fase de proyecto. Pero los costos crecientes de los combustibles fósiles y el interés por las energías ecológicas han revivido hoy en día su interés.
Qué es y cómo funciona
- Imagen: Wikimedia -
El sistema de OTEC pretende aprovechar el calor oceánico como una fuente energética ecológica. Sus defensores aseguran que es constante y permanente, a diferencia de otras energías renovables, como la eólica o la fotovoltaica. Pero no vale cualquier zona: estas instalaciones se basan en la diferencia de temperatura, de al menos 20 grados, entre la superficie y el fondo de los océanos. Estas condiciones se producen en las áreas costeras tropicales. La eficiencia de este sistema es muy baja: se estima entre un 1% y un 7% como máximo.
Con el 1% de la energía generada por la OTEC se cubriría entre 100 y 1.000 veces el consumo eléctrico actual mundial
A pesar de estas limitaciones, su potencial es enorme. Según estimaciones del Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NREL) de EE.UU., en un día medio, 60 millones de kilómetros cuadrados de los mares tropicales absorben una cantidad de radiación solar equivalente en energía a unos 250 millones de barriles de petróleo. Si el 0,1% de esa energía solar almacenada podría convertirse en energía eléctrica, podría abastecerse en más de 20 veces el consumo total de electricidad de EE.UU.
La Ocean Energy Council, una organización sin ánimo de lucro para el aprovechamiento de la energía oceánica, calcula que con el 1% de la energía generada por la OTEC se cubriría entre 100 y 1.000 veces el consumo eléctrico actual mundial.
Diferentes tecnologías
Los expertos distinguen tres tipos de sistemas de OTEC:
Aprovechar el calor de las fumarolas
El calor de los océanos podría utilizarse de otras formas. El Sistema de Recuperación Hidrotermal Marshall es una iniciativa para aprovechar el calor de las fumarolas oceánicas. Las elevadas temperaturas de estos volcanes submarinos calentarían un fluido que sería conducido por una tubería a la superficie. La energía térmica contenida en el líquido sería extraída para generar electricidad.
El calor de los océanos podría abastecer de energía a todo el mundo, producir agua dulce y alimentos o combatir el cambio climático
Otras posibles aplicaciones del sistema
- Imagen: ORPC -
Uno de los inconvenientes de estas instalaciones podría transformarse en una ventaja. La creación de plancton y la subida de agua fría podrían aprovecharse para refrigeración y para el desarrollo de granjas agrícolas y de acuicultura. La planta experimental de Hawai utiliza estos recursos en el aire acondicionado y para diversos cultivos. Los expertos de este laboratorio han demostrado que los salmones y las langostas crecen más rápido con estos nutrientes. En cuanto a las posibilidades agrícolas, los experimentos de esta planta hawaiana han permitido el cultivo de algas comestibles y de más de cien tipos diferentes de frutas y vegetales.
La electricidad generada en estas plantas se podría utilizar para producir otros combustibles y productos, como hidrógeno, amoniaco o metanol. Las instalaciones de OTEC de ciclo abierto o híbridas pueden producir grandes cantidades de agua dulce. En teoría, una instalación de 2 megavatios podría producir unos 4.300 metros cúbicos de agua desalada diarios.
Una instalación de 2 megavatios podría producir unos 4.300 metros cúbicos de agua desalada diarios
Otra posibilidad sería el aprovechamiento del potencial minero de los océanos. La idea consistiría en extraer los 57 elementos contenidos en sales y otras sustancias y disolverlos en una solución.
Algunos expertos hablan del potencial de estas instalaciones en la lucha contra el cambio climático. Un artículo de 2007 de la revista Nature sugería la idea de utilizar bombas para llevar el agua desde las profundidades y secuestrar el dióxido de carbono (CO2). Se estima que una planta de OTEC optimizada para este objetivo podría secuestrar 10.000 toneladas de CO2 por cada megavatio producido al año.
Proyectos de OTEC en el mundo
En la actualidad, la tecnología de OTEC se mueve de manera experimental o en fase de proyecto. La crisis del petróleo de la década de los setenta supuso su época dorada, con la creación de varias instalaciones. Superada la crisis, el apoyo a estas plantas desapareció. Los costos crecientes de los combustibles fósiles y la atracción por las energías ecológicas han revivido hoy en día su interés. El año pasado, por primera vez mucho tiempo, el Departamento de Energía de EE.UU. otorgó una subvención a proyectos de OTEC.
- Imagen: Tony Webster -
Una de las iniciativas más destacadas corresponde al Laboratorio de Energía Natural de Hawai, creado en 1974 por el Gobierno estadounidense con el fin de impulsar este sistema. En 1979, sus responsables, con el apoyo de varios socios privados, producían por primera vez energía eléctrica en red con un sistema de OTEC de ciclo cerrado en mar abierto. La instalación se ubicaba en un barco a dos kilómetros y medio de la costa de Hawai y generaba energía para cubrir la iluminación y los sistemas eléctricos del buque.
En 1984, el Instituto de Investigación de Energía Solar de EE.UU. (el NREL hoy día) desarrolló un evaporador vertical para convertir agua de mar tibia en vapor de baja presión para plantas de ciclo abierto. En 1993, la planta experimental de ciclo abierto de Keahole Point, en Hawai, produjo 50 kilovatios (kW) de electricidad. En 1999, el Laboratorio de Energía Natural lograba 250 kW con su central piloto de ciclo cerrado, la mayor instalación de este tipo puesta en funcionamiento hasta la fecha.
Una de las iniciativas más destacadas corresponde al Laboratorio de Energía Natural de Hawai
Tras una década de trabajo, la compañía Tokyo Electric Power culminó en 1981 una planta de ciclo cerrado en la isla de Nauru, en el Océano Pacífico central. La instalación generaba unos 120 kW, de los que 90 se utilizaban para consumo propio y el resto para suministrar electricidad a una escuela y otros lugares de la isla. En la India, el Instituto Nacional de Tecnología del Océano puso en marcha una planta piloto, pero se paralizó por falta de financiación.
En el ámbito académico, diversos países han demostrado un interés creciente. Japón, a pesar de carecer de áreas de potencial OTEC, ha trabajado en esta tecnología para exportarla a otras regiones. El Instituto de Energía Oceánica de la Universidad de Saga ha logrado varios premios por sus avances. En Filipinas, el Departamento de Energía ha trabajado con expertos japoneses para seleccionar 16 posibles sitios de OTEC. Taiwán y varios países europeos también han explorado este sistema como parte de su estrategia energética a largo plazo. En Puerto Rico, varios expertos han señalado las posibilidades de una zona a dos millas de las costas de Maunabo. Diversas empresas privadas estadounidenses también han planteado la idea de una planta de OTEC, pero por el momento se encuentra en fase de proyecto.
Antecedentes históricos
La idea de convertir el calor del océano en energía no es nueva. El primero en proponerla fue el físico francés Jacques-Arsene d'Arsonval en 1881. La primera instalación de OTEC fue construida en Cuba en 1930 por un estudiante de Arsonval, Georges Claude. La instalación produjo 22 kW de energía, suficiente para abastecer a dos hogares modernos de tipo medio. En 1935, Claude construyó otra planta a bordo de un buque de 10.000 toneladas de carga amarrada frente a las costas de Brasil. El mal tiempo y las olas la destruyeron antes de que pudiera generar energía. En 1956, científicos franceses diseñaron una instalación de OTEC para Abidján (Costa de Marfil), pero sus elevados costes im
Desafíos que se deben superar
La OTEC requiere grandes inversiones de dinero. Expertos del Pacific International Center for High Technology Research han estimado que una planta comercial de cinco megavatios podría costar entre 80 y 100 millones de dólares.
- Imagen: Modelo digital en 3d de los fondos marinos del mar de Alborán (Instituto Español de Oceanografía) -
Las tuberías tienen que ser amplias y llegar a varios miles de metros de profundidad para lograr la diferencia de temperatura necesaria. El mantenimiento de la instalación es delicado, ya que hay que luchar contra la corrosiva agua salada y la materia orgánica que deteriora los tubos y demás componentes. Las condiciones meteorológicas adversas de las zonas tropicales, como tormentas o huracanes, pueden acabar con estas instalaciones. Los defensores de la OTEC argumentan que la tecnología no sería un problema, sino, una vez más, el coste: la industria petrolera ha hecho frente a estos problemas durante décadas y sólo habría que invertir en soluciones similares.
El posible impacto ambiental de la OTEC es otro motivo de debate. Los nutrientes en el agua fría de las profundidades podrían ayudar a prosperar a las granjas de acuicultura, pero también a otros organismos no deseados. El bombeo de miles de millones de litros de agua de las profundidades podría alterar las condiciones de estas zonas, en las que también hay vida. Los posibles derrames del amoniaco o el freón utilizados en el sistema, o de la sal producto de la evaporación del agua, deberían ser tenidos en cuenta. Las plantas OTEC podrían también constituir una amenaza para la pesca o la explotación minera futura.
Algunos expertos señalan el riesgo de que estas instalaciones pudieran modificar las condiciones meteorológicas
Algunos expertos señalan el riesgo de que estas instalaciones pudieran modificar las condiciones meteorológicas, al igual que los sistemas de geoingeniería. Si la temperatura superficial del océano se altera, aunque sólo sean unas pocas décimas de grado, es posible que se desvíe el curso de las tormentas tropicales.
El aprovechamiento de la energía y del resto de posibles aplicaciones es otro desafío. La mayoría de las plantas de OTEC se instalarían en zonas tropicales de alta mar, lejos de los consumidores. Esta ubicación también podría dar pie a conflictos legales sobre su propiedad y explotación. Algunos expertos sugieren que sean consideradas islas artificiales.
Sus defensores argumentan que como todo sistema experimental, los comienzos son muy costosos. El desarrollo tecnológico y la subida de los precios de los combustibles fósiles, así como sus otras posibles aplicaciones, podrían hacerlo más competitivo y reducir su impacto ambiental.
Paneles solares: así evolucionan
Los expertos hablan de hasta cuatro generaciones para referirse a la evolución de los paneles solares fotovoltaicos. Las actuales células, basadas en silicio, podrían ser reemplazadas en unos años por otros materiales y tecnologías muy diversas. Sus responsables persiguen aumentar la eficiencia energética de estos dispositivos, abaratar sus costes de producción y logar una gran variedad de aplicaciones que les permita competir con los combustibles fósiles o la energía nuclear.
- Imagen: Patrick Moore -
Las placas solares fotovoltaicas se basan en dos obleas o láminas con materiales semiconductores. Ambas utilizan unos elementos químicos, denominados "dopantes", que fuerzan a una de las planchas a tener un exceso de electrones (carga negativa, N) y a la otra, a una falta de estos (carga positiva, P). Esta unión P-N genera un campo eléctrico con una barrera de potencial que impide que se trasvasen electrones entre las planchas.
El alto precio y fragilidad de las placas fotovoltaicas actuales han llevado a los investigadores a probar nuevos materiales y sistemas
Cuando se expone esta unión P-N a la radiación solar, los fotones de la luz transmiten su energía a los electrones. Con este aporte, rompen la barrera de potencial y salen del semiconductor por un circuito exterior, de manera que se produce corriente eléctrica. Las placas fotovoltaicas se componen de células, el módulo más pequeño capaz de producir electricidad.
El silicio es el material más utilizado para estos paneles fotovoltaicos, si bien se fabrica de formas diferentes. El silicio puro monocristalino permite un rendimiento en los paneles comerciales del 16%, pero su precio es caro. El silicio puro policristalino, reconocible por su aspecto granulado, es más barato pero logra un rendimiento del 14%. El amorfo se utiliza en pequeños aparatos, como calculadoras, relojes o paneles portátiles de menor tamaño. Su rendimiento es del 8%. Los científicos trabajan con otros materiales, como el teleruro de cadmio o los sulfuros y seleniuros de indio para ampliar el abanico de posibilidades.
- Imagen: NASA -
Las placas solares pueden ser fijas, muy típicas en los tejados, o dinámicas, gracias a los seguidores solares. Estos dispositivos mejoran el rendimiento de los paneles, ya que su misión consiste en seguir al Sol desde su salida hasta la puesta. También se puede extraer rendimiento de las placas solares fotovoltaicas mediante su fusión con otros sistemas renovables: un sistema mixto eólico-solar o solar fotovoltaico-térmico son algunas posibilidades.
Estas placas se comercializan en la actualidad de forma mayoritaria, gracias a su alta eficiencia, que podría llegar en teoría a un máximo del 33%. Su alto precio y su fragilidad han llevado a los investigadores a probar otros materiales y sistemas que permitan nuevas generaciones de paneles.
De la primera a la cuarta generación
La segunda generación de células solares se conoce desde los años noventa. Se basan en un método de producción epitaxial para crear láminas mucho más flexibles y delgadas que sus predecesoras. Por ello se las denomina de lámina delgada. La eficiencia, entre el 28% y el 30%, es otra de sus principales ventajas, pero su elevado coste las limita hoy en día a los sectores aeronáutico y espacial.
Algunos expertos hablan ya de paneles solares de bajo coste
Diversas empresas de todo el mundo trabajan para generalizar estos sistemas de segunda generación. Algunos expertos hablan ya de paneles solares de bajo coste, que emplean materiales distintos al silicio, como microestructuras CIGS, denominadas así por las materias que utiliza (cobre, indio, galio y selenio), o CIS, en caso de no incluir galio. Otros investigadores han creado tecnologías como las células orgánicas fotovoltaicas (OPV), unos polímeros (plásticos) orgánicos capaces de reaccionar a la luz solar.
Las posibilidades de estos materiales son enormes. Por el momento, la eficiencia de estas placas es todavía más baja que las de primera generación, pero sus defensores aseguran que sólo es cuestión de tiempo alcanzarlas e incluso superarlas. Algunos expertos estiman que podrían tener una relación coste/eficiencia mejor que los combustibles fósiles a partir de 2015.
- Imagen: Global Energy -
La tercera generación, todavía en fase de experimentación, persigue mejorar aún más los paneles de láminas delgadas. Diversos investigadores y empresas de todo el mundo trabajan en varias tecnologías, como las denominadas de huecos cuánticos, nanotubos de carbono o nanoestructuras de óxido de titanio con colorante (DSSC). Con ellas se podría crear una pintura que recubriría las casas o las carreteras para generar energía; así como tintes para todo tipo de aparatos electrónicos, prendas textiles o coches solares. La eficiencia de estos sistemas también podría ser superior (entre el 30% y el 60%). Sus defensores creen que estas placas podrían empezar a comercializarse sobre 2020.
Una cuarta generación de paneles solares uniría nanopartículas con polímeros para lograr células más eficientes y baratas. El panel se basaría en varias capas que no sólo aprovecharían los diferentes tipos de luz, sino también el espectro infrarrojo. La NASA ha utilizado esta tecnología multi-unión en sus misiones a Marte.
Otros expertos no hablan de generaciones, sino de avances en la relación coste de fabricación/eficiencia de la conversión energética. En teoría, los paneles solares podrían lograr una conversión de la luz solar en electricidad de un 93%. El coste tendría que bajar también más para competir con los combustibles fósiles y la energía nuclear.
Origen de las placas solares fotovoltaicas
- Imagen: Global Energy -
El descubrimiento del efecto fotovoltaico, la base de las células solares que permite convertir la luz solar en electricidad, se atribuye al físico francés Alexandre-Edmond Becquerel en 1839. Cinco décadas después, en 1883, el inventor americano Charles Fritts creó la primera célula fotovoltaica. Para ello utilizó un semiconductor de selenio con una fina capa de oro. Era un pequeño dispositivo con una eficiencia del 1%. En 1946, el ingeniero americano Russell Shoemaker Ohl patentó la célula solar moderna.
En cuanto al término "fotovoltaico", proviene del griego "photo" (luz) y del apellido del físico italiano Alessandro Volta, conocido por sus experimentos con electricidad y por el desarrollo de la pila eléctrica.