Por la salud mental: Desastre
ambiental y caos climático
Una de las características de los desastres naturales, es que cuando se presentan, nivelan a los seres humanos. Escenas similares a las que apreciamos en Córdoba, Sucre y Chocó, guardadas las proporciones, son las que vive hoy el primer mundo: Familias enteras alojadas en refugios improvisados o a la intemperie, sintiendo los rigores del frío, la sed y el hambre, esperando las ayudas estatales. Bueno es recordar que las pasadas inundaciones del estado de Luisiana en Estados Unidos destaparon ante el mundo, la pobreza, la imprevisión y las improvisaciones gubernamentales en el país más poderoso del mundo; que se negó entre otras cosas, a firmar el Tratado de Kyoto.
A pesar de los cambios económicos y políticos del mundo, el interés y la preocupación por el medio ambiente han sido prioridades que se han desestimado: El calentamiento global debido a la acumulación de C02 en la atmósfera, los problemas de la lluvia ácida, la pérdida de ozono, los clorofluorocarbonos, y la enorme contaminación atmosférica del este de Europa, muestran sus resultados hoy.
Para reducir la degradación medioambiental, las sociedades deben reconocer que el medio ambiente es finito. Se debe abrir un paso al uso más racional, pero esto sólo puede lograrse con un espectacular cambio de actitud por parte de la especie humana.
El impacto de la especie humana sobre la naturaleza ha sido comparado con las grandes catástrofes del pasado ecológico de la Tierra. La humanidad debe reconocer que atacar el medio ambiente pone en peligro la supervivencia de la especie. Para empezar, el calentamiento global produce aridez en la tierra y modifica los factores climáticos afectando las actividades agropecuarias, pero en un futuro no muy lejano se fundirán las enormes masas de hielo de los polos provocando una elevación de los niveles del mar, peligrando así seriamente la posibilidad de vida en las costas.
En los países subdesarrollados, la presión de la demanda de madera ejercida por los países industriales intensifica cada vez más la explotación forestal. Hasta hace apenas cien años, el bosque tropical húmedo, ocupaba una extensión de aproximadamente 2.000 millones de hectáreas. En nuestros días esa gran marcha verde ha tenido una reducción equivalente a 1.000 millones de hectáreas, convirtiéndose todo ese espacio en tierra improductiva.
Entre nosotros el problema se ha agravado con la devastación forestal ocasionada por los cultivos ilícitos. Miles de hectáreas de bosques y parques naturales destruidos para sembrar matas de coca, como sucede en la sierra de la Macarena, en la Nevada de Santa Marta, en el Chocó, Caquetá, el Vaupés y demás es otra muestra de la barbarie del hombre con un planeta que es también un ser vivo, y que responde a las agresiones con la furia de la naturaleza que es letal e incontrolable como lo observamos hoy.
Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en RSE de la ONU
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